Nuestro vecino de la calle Zabala se refiere en esta nueva entrega a los comerciantes callejeros, tan populares en el Buenos Aires de antaño. Consecuencia de su poder de observación, han salido estos versos alusivos a oficios urbanos que tras décadas de vigencia, en su gran mayoría, han dejado de existir, pero que no obstante, perduran en el recuerdos de quien fueron testigos de su paso por las calles de nuestra querida ciudad.
Vendedores callejeros
El tiempo implacable sigue su camino
las horas pasadas ya no volverán
como aquellos seres que quedaron lejos
y dulces pregones no se escuchan más.
Ya por la mañana, llegaba el lechero
y el panadero. de la panificación
pasaba en su carro, más luego el frutero;
con paso cansino, el viejo pescador.
Se presentaba casi diariamente
el raudo cartero, con tranco veloz
y se iba anunciando, con su dulce flauta
que estaba llegando, el afilador.
¡Cuántos personajes, que ofrecían lo suyo!
yendo en bicicleta, el deshollinador
también el pavero, que arreaba en la calle
la tropa de pavos, con todo el candor.
Ellos pregonaban distintos bagajes
como el caminante y útil colchonero
e infaltablemente con voz socarrona
se hacía escuchar, siempre el botellero.
Tenía su clientela, compradora de años
en su camioncito, don José el hielero
siendo cotidiano, con su gran canasto
gritando su venta, la voz del churrero.
Siempre por las tardes, se hacía presente
un hombre querido, por el barrio entero
tiraba en su carro, cargado de fruta
Alfonso era su nombre, de este naranjero.
Llegado el verano, dos competidores
recorrían las calles, en mismo sendero
pregoando a voces, sus ricos helados
ansiosos esperábamos, a esos heladeros.
Semanalmente hacía su pasada
con sus bultos al hombro, Juan el escobero
y en forma mensual, por todas las casas
hacía la limpieza, el eficaz cloaquero.
También en las plazas, fuéronse extinguiendo
con su infaltable ruleta, el gran resquitero
y con su canasto, lleno de lupines
y su tacho ardiente, Pepe el manisero.
Sin respetar el tiempo, de tardes lluviosas
rondaba diariamente, el inefable diariero
que en hora temprana, traía la quinta
y la sexta llegaba, con el gran lucero.
Personajes idos, que son el recuerdo
de ese lindo tiempo, que no volverá
yo tuve la dicha de haber conocido
a esos pregoneros, que ya no están más.
Dibujo: panahistoria.files.wordpress.com
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