Como sucede con cierta frecuencia cuando son aproximadamente las 7 de la tarde, un grupito de gente se junta a conversar e ingerir algunas bebidas en la puerta del supermercado “chino” de Conde entre Teodoro García y Federico Lacroze. Uno de los participantes de la reunión tiene la camiseta de General Caballero, institución de Paraguay.
Las primeras sombras de la noche se establecen sobre Colegiales. Un chico de unos 19 años está sentado en el escalón de la panadería y confitería Iris (Federico Lacroze entre Freire y Conde), a unos centímetros de la puerta, con lo cual, no interrumpe el paso de los clientes. Probablemente, aguarda la llegada del colectivo de las líneas 63 o 168. El joven, que lleva un bolso y observa atentamente su celular, viste una musculosa de Lugano.
Federico Lacroze es una avenida muy transitada durante gran parte de su extenso recorrido. Entre tanta gente que la recorre, entre Cabildo y Zapata –vereda par- un nene de unos 5 años va hacia Zapata junto a un adulto que muy probablemente sea su papá. El niño lleva puesta una remera de Chile. Son aproximadamente las 6 de la tarde.
Olleros y Conesa. A paso rápido, un muchacho de unos 27 años atraviesa la esquina y, tomando Conesa por la vereda de numeración par, se dirige rumbo a Federico Lacroze, cuando faltan pocos minutos para las 11 de la mañana. Las primeras temperaturas frescas de la temporada están instalándose, aunque aún es posible andar por la calle en manga corta. Así también lo cree este joven que luce la camiseta de Gimnasia y Tiro de Salta.
Es un mediodía de agradable temperatura. Como es costumbre desde hace un tiempo, un grupo de hombres –taxistas y de unos 60 años, varios de ellos- se reúne a tomar unas gaseosas en la vereda de Freire, a pocos metros de la intersección con Concepción Arenal y frente al Polideportivo Colegiales, donde acaban de terminar de jugar al fútbol. En esta ocasión también, de parados, saborean unas empanadas. Dos de los players, tienen algo en común: el pantaloncito de Alvear, entidad barrial emplazada en Parque Avellaneda.
Ciudad de la Paz entre Mendoza y Olazábal, Belgrano. Aproximadamente 10.30 de la mañana. A pocos metros de la entrada a la galería comercial Río de la Plata –con acceso opuesto por la avenida Cabildo- un hombre de unos cuarenta años, se detiene junto al cordón de la vereda, mirando en dirección a la entrada a la galería. Luce una remera negra, verde y anaranjada, con un pequeño escudo, y en la parte posterior, el nombre SABER, en letras blanca. Sus siglas significan Sociedad de Fomento Agronomía y Biblioteca Popular El Resplandor. El club lleva en su nombre la palabra Agronomía, si bien, los límites oficiales actuales, indican que su sede de Llerena 2727, se encuentra en Parque Chas.
La cantidad de clubes divisados desde que comenzó esta tarea de recopilación visual, sobrepasa largamente el centenar. Es más, el número está más cerca del doscientos que del cien. Como ya se mencionó, a esta altura ya no es tan fácil cruzarse con gente que lleve los colores de instituciones “nuevas”. Sin embargo, más allá de esta situación hay otro ingrediente que es capaz de generar un malhumor indisimulable. Esto se da cuando un club de esos que no suelen verse muy a menudo (a lo mejor alguno del Ascenso, cuyo radio de influencia está lejos de Colegiales) aparece representado en el barrio a través de alguna camiseta, buzo, campera, etc. A la alegría de encontrar a esta gente, se contrapone una cuota de bronca si es que ya tenía registrado ese equipo “difícil” de una ocasión anterior. Me ha sucedido muchas veces y la desazón pega fuerte: “Uh, pero este ya lo tengo…” Y bueno, habrá que esperar hasta el próximo avistamiento.