DEMASIADO ADELANTE
El hijo del vecino (*) jugaba muy bien al fútbol. Con un grupo de amigos, se había anotado en un campeonato. Aquella tarde había partido. Ya comenzado el cotejo, el muchacho recibió una pelota y enfiló hacia el arco. Los rivales se quedaron parados, reclamando posición adelantada. Pero él estaba convencido de estar habilitado, enfrentó al arquero e incrustó la pelota en la red. Gritó el gol bien fuerte, pero grande fue su sorpresa cuando vio que el juez había anulado la bonita maniobra ofensiva. Sí, estaba en off side.
En algunos deportes como el fútbol y el hockey, existe una instancia de juego llamada posición adelantada, término también conocido en inglés, como off side. Esta introducción viene a cuento porque actualmente, se suele decir que ciertas personas “atrasan”, cuando no están de acuerdo con el supuesto progreso que el mundo tiene en determinados aspectos.
“Fulanito atrasa”; “Mengano se quedó en la Edad Media”; “Sutano piensa como hace quinientos años”. Estas frases, hoy pronunciadas con bastante frecuencia, apuntan a menospreciar a aquellos que creen los cambios que está experimentando la sociedad no son para bien sino para mal. Las escuchamos, por ejemplo, cuando se habla de cuestiones como la sexualidad, aunque éste no es el único tema que hace salir a la luz tales controversias.
Nuestro Creador nos dio un manual de vida con instrucciones claras y precisas. Al apartarnos de Él, también nos alejamos de reglas que han sido dictadas para bendición propia y de quienes nos rodean. Estas instrucciones no cambian con el paso del tiempo. Lo que sí va cambiando, va “evolucionando”, es el estado de un sistema que se ha declarado en rebeldía para con Dios y que vive como si Él no existiera.
Intentemos no confundir el concepto de evolución, con que el mundo está progresando. Muchas veces, ir más adelante no significa estar en la posición correcta, sino (como en fútbol o hockey), es sinónimo de quedar en off side. Aquel que está en off side, está en una posición prohibida, y al igual que en tantos deportes, es penado con el fuera de juego.
Un sustento bíblico:
El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian. Salmo 18:30.
LA PREGUNTA DEL MILLÓN
El hijo del vecino (*) estaba desanimado. Él se esforzaba por andar por la vida con honestidad, por no perjudicar a nadie… Pero a diario comprobaba que a mucha gente no le interesaba en lo más mínimo manejarse de la misma manera. Si para sacar un beneficio necesitaban engañar o pasar por encima a otro, lo hacían sin remordimientos. A pesar de todo, seguían tranquilamente por ese rumbo, sus asuntos marchaban bien y ningún castigo sufrían.
Una pregunta que se formulan muchas personas, dice más o menos esto: “¿Por qué hay gente que no cree en Dios y las cosas le van bien… y por qué hay creyentes a los que les va mal?”. Esta reflexión tiene cierta lógica desde el punto de vista humano: hay personas apartadas de la fe a quienes no les importa hacer lo que Dios manda, sin embargo, la vida parece sonreírles, en temas como los negocios, la salud, la familia, etc… Al mismo tiempo, están los que a pesar de su condición de creyentes y de que tratan de acatar la voluntad de nuestro Señor, no logran salir de sus dificultades.
A partir de las dos primeras preguntas, surge otra muy común: ¿Y entonces, de qué sirve respetar lo que Él nos ordena, si a los que no le hacen caso nada malo les ocurre?
Estas dudas existenciales no son exclusivas del presente. A lo largo de los siglos, interrogantes así dieron vueltas por la mente de más de un personaje bíblico. Y es en las Escrituras, donde también están las respuestas, que afirman que la justicia divina es perfecta, y que Él es soberano para aplicarla en el momento y el lugar que considera oportunos. La Palabra también deja en claro que Dios no puede ser burlado, y que por lo tanto, tarde o temprano las consecuencias de nuestra conducta se pagan, ya sea aquí en la tierra o cuando al partir, nos presentemos delante de Él.
Por eso, que nada ni nadie nos hagan pensar lo contrario. No dudemos en hacer lo correcto a los ojos de Dios. Pero que no sea por miedo al castigo, sino porque nos ama y si nos marcó un camino, es para nuestro bien y el de quienes nos rodean.
Un sustento bíblico:
Porque Dios «pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras». Romanos 2:6.
(*) En Colegiales o en cualquier rincón del mundo… El “hijo del vecino” podrías ser vos, yo, o cualquier hijo de vecino.
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