El mundo transita sus primeros días de 2021. En la Argentina, las cifras del Covid-19 crecen de manera preocupante, tanto que, después de un pequeño respiro que había dado la pandemia, se habla de un inminente regreso a las restricciones en distintas regiones del país. En Gran Bretaña, el aumento de los afectados por el coronavirus ha sido muy grande en las últimas semanas. Israel también experimentó una fuerte alza, pero en su caso, tras la llegada de la vacuna, el número de personas que habían recibido al menos una dosis alcanzó una proporción considerable.
En estos lugares del planeta, hoy por hoy, están repartidos la gran mayoría de los Wildau. Llevo entonces la atención un siglo hacia atrás, cuando los integrantes de la familia eran muchos menos y todavía se hallaban juntos en un mismo país: la Alemania de la pos-Primera Guerra Mundial. En 1919, aunque con enormes problemas de diferente índole —entre los que se destacaban los económicos—, el flamante Estado democrático había dejado atrás la época imperial e iniciaba su camino constitucional bajo el nombre de República de Weimar, denominación vinculada con la ciudad en la que se reunió la Asamblea Nacional encargada de elaborar la nueva Constitución. Pero esto no calmó las aguas. Más bien, todo lo contrario. Un tormentoso período, signado por la crisis política y económica, generó las condiciones que, poco más de una década después, facilitarían el ascenso del Partido Nacionalsocialista.
¿Cómo es posible que Adolf Hitler haya conseguido erigir su figura en lo más alto de la Nación? Con la mirada puesta en lo que pasó después, resulta increíble pensar que su llegada al poder se produjo dentro de las instituciones existentes y no mediante una toma violenta del gobierno. Sin embargo, tampoco fue simplemente el resultado de un voto popular directo: el Partido Nacionalsocialista había obtenido un importante respaldo electoral, pero Hitler fue designado canciller por el presidente Paul von Hindenburg, en enero de 1933. A partir de entonces, el nuevo gobierno fue desmantelando progresivamente las instituciones democráticas. El proceso incluyó la persecución de opositores, la eliminación de las libertades políticas y la concentración del poder en manos de Hitler. Tras el fallecimiento de Hindenburg, en 1934, Hitler unificó los cargos de presidente y canciller y asumió también las funciones de jefe de Estado.
Sería muy dificultoso resumir en pocas líneas la cantidad de acontecimientos que dieron lugar a inmensos volúmenes literarios. Lo concreto es que la República de Weimar dejó de existir y, en su reemplazo, los habitantes del vapuleado país asistieron a la consolidación del Tercer Reich, un régimen dictatorial y totalitario bajo la hegemonía de un único partido, el Nacionalsocialista, conocido como el partido Nazi.
Una vez firme en la cima, Hitler no se contentó con mandar en Alemania. La meta de dominar más territorios europeos lo condujo a poner en práctica una estrategia expansionista, al mismo tiempo que acentuaba la presión sobre sectores de los ciudadanos de su propia nación, a los que, apoyándose en fundamentos raciales, consideraba ajenos a sus objetivos y a la comunidad nacional que pretendía construir. Así, los judíos quedaron bajo la persecución del régimen. Primero, fueron afectados por leyes y disposiciones que restringieron progresivamente sus derechos. Profesionales y comerciantes, por ejemplo, se vieron impedidos de trabajar con normalidad, acosados por reglamentaciones que fueron excluyéndolos de distintos ámbitos de la vida pública y económica. Estas medidas, sumadas al creciente clima de persecución, llevaron a miles de personas a abandonar Alemania y buscar refugio en otros puntos del mundo.
Dentro de este grupo se encontraban los Wildau. No todos, por supuesto. Algunos, viendo que la mejor opción era la partida, dejaron atrás su patria natal y salieron de Alemania a tiempo. Otros, también despojados de sus derechos, se quedaron allí. Lamentablemente, no pasaría mucho tiempo antes de que, además de las restricciones y la persecución, los nazis se adentraran en un terreno muchísimo más delicado. Cuando lo hicieron, millones de personas, entre las cuales se encontraban muchos de los Wildau, no lograron eludir el cruel sometimiento al que fueron conducidos por sus opresores.
Pablo Wildau

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