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Garajes que desaparecen: cerró otro histórico estacionamiento del barrio

El cierre de un nuevo garaje volvió a encender una pregunta que desde hace años se repite en Colegiales: ¿qué pasa con estos grandes predios que durante décadas formaron parte del paisaje barrial y que poco a poco van desapareciendo? Hace pocos días bajó definitivamente su persiana el histórico garaje ubicado en la esquina de Conde y Gregoria Pérez. El establecimiento funcionaba desde 1985 y, por el momento, no se observa ningún tipo de actividad en el lugar. Tampoco hay información oficial sobre cuál será el destino del terreno. Mientras tanto, el predio permanece cerrado.

El caso no es aislado. En distintos sectores de Colegiales varios garajes cerraron en los últimos meses. En Conde entre Virrey Avilés y Olaguer y Feliú, por ejemplo, ya avanza la construcción de un edificio. En Teodoro García entre Freire y Conde ocurre lo mismo. Otro establecimiento ubicado en Martínez y Virrey Arredondo también dejó de funcionar, aunque todavía no hay señales sobre qué proyecto ocupará el lugar. Algo similar ocurrió en Palpa entre Álvarez Thomas y Giribone (Chacarita), donde actualmente se desarrolla un emprendimiento inmobiliario.

Si se amplía la mirada algunos años hacia atrás, aparecen más ejemplos. En Olleros y Ciudad de la Paz funcionaba una playa de estacionamiento que fue reemplazada por un edificio en construcción. En Martínez y Palpa, en tanto, el proceso ya concluyó y el nuevo edificio se encuentra terminado.

Una advertencia que llegó hace más de una década

La situación actual no parece haber tomado por sorpresa a Gustavo, propietario del garaje de Conde y Gregoria Pérez durante muchos años. En una entrevista que el director de este medio de hizo hace poco más de una década, ya describía las dificultades que atravesaba el sector. “El garaje es del ‘85, pero yo vine en 1993. Tuvimos buenas épocas, otras no tanto. Por ahora la cosa funciona, si bien hubo tiempos mejores”, explicaba entonces.

Según relataba, existía una idea equivocada respecto de la actividad. Aunque la cantidad de vehículos en la ciudad aumentaba, eso no necesariamente se traducía en mayores ganancias para los estacionamientos. Para Gustavo, la principal amenaza era el valor creciente de los terrenos.

“Con lo que vale el metro cuadrado, al dueño le conviene vender el terreno y que construyan edificios. Así desaparecieron muchos”, señalaba, anticipando una tendencia que hoy puede observarse en numerosas cuadras del barrio.

El empresario también destacaba que el negocio requería inversiones permanentes y una importante responsabilidad frente a los clientes. Por ese motivo había incorporado servicios adicionales como mecánica, lubricentro y lavadero para atraer usuarios y mantener la competitividad. “No somos millonarios ni mucho menos. Es un trabajo sacrificado como todos”, afirmaba.

Los problemas de seguridad también formaban parte de la realidad cotidiana. Gustavo recordaba que el establecimiento había sufrido robos a mano armada y que por ese motivo habían modificado los sistemas de acceso y vigilancia.

Una problemática que excede a Colegiales

La situación observada en el barrio forma parte de un fenómeno más amplio que afecta a CABA desde hace años.

En una nota publicada por Perfil en 2022 se señalaba que, tras la pandemia, cientos de playas de estacionamiento cerraron sus puertas. Muchas fueron puestas a la venta como lotes para desarrollos inmobiliarios, mientras que otras intentaban sostenerse en un contexto económico complejo.

Empresarios del sector consultados por ese medio explicaban que la actividad sólo resultaba verdaderamente rentable cuando el propietario era dueño del inmueble. Quienes debían afrontar alquileres encontraban cada vez más dificultades para mantener el negocio. También advertían que la demanda todavía no había recuperado plenamente los niveles previos a la pandemia.

Sin embargo, el proceso es mucho más antiguo. Ya en 2007 una investigación de La Nación alertaba sobre el cierre promedio de cinco garajes por mes en la Ciudad. Según datos de la Cámara de Garajes y Estacionamientos (AGES), en apenas un año y medio habían desaparecido alrededor de 700 establecimientos, con una pérdida estimada de 80.000 plazas para estacionar.

La principal explicación era la misma que Gustavo mencionaba en Colegiales: el auge de la construcción. Los propietarios recibían ofertas cada vez más atractivas por terrenos amplios y bien ubicados, lo que hacía que muchos abandonaran una actividad que exigía personal, mantenimiento y dedicación diaria.

Mientras tanto, la cantidad de vehículos continuaba creciendo y la disponibilidad de espacios para guardarlos disminuía.

Un barrio en transformación

El cierre del garaje de Conde y Gregoria Pérez vuelve a poner de manifiesto una transformación que los vecinos observan desde hace años. En muchos casos, donde antes funcionaban estacionamientos, talleres o antiguos comercios de gran superficie, hoy aparecen desarrollos inmobiliarios que modifican la fisonomía de las cuadras.

Por ahora, el futuro del predio de Conde y Gregoria Pérez es una incógnita. Pero la experiencia reciente en otros puntos de Colegiales muestra que los grandes terrenos disponibles se han convertido en piezas muy codiciadas dentro del mercado inmobiliario porteño. ¿Qué pasará en este caso con el terreno? El tiempo lo dirá.

 Foto: el garaje de Conde y Gregoria Pérez, recientemente cerrado.