Caminar por Colegiales me trae esa mezcla de calma y nostalgia. Será porque nací acá, porque cada esquina cuenta una historia, o porque a pesar de los cambios, el barrio todavía conserva algo de su alma original. Cada tanto salgo a recorrerlo sin rumbo fijo, solo para ver qué hay de nuevo y qué sigue en pie. En estos días, vi varias cosas que me llamaron la atención.
Uno de los cambios que más expectativa genera está en el Parque Ferroviario de Colegiales. Allí continúan los trabajos para la construcción del nuevo centro de salud municipal. En el acceso al predio ya fue colocado el cartel que identifica al futuro establecimiento como CeSAC 51, una señal concreta de que el proyecto sigue avanzando.
En la esquina de Conde y Gregoria Pérez, otra situación despierta interrogantes. El garaje que funcionaba en ese lugar bajó sus persianas hace ya varias semanas y desde entonces la propiedad permanece sin actividad. Sin embargo, recientemente aparecieron cerramientos a ambos lados de lo que era su acceso principal. Por ahora no hay certezas acerca del futuro del inmueble.
Los cambios en el barrio también conviven con lugares y construcciones que parecen detenidos en el tiempo. Sobre Federico Lacroze, entre Crámer y Conesa, hay un edificio cuya construcción comenzó hace muchos años y nunca llegó a completarse. La estructura inconclusa continúa formando parte del paisaje de la cuadra. Pero mientras los pisos superiores permanecen sin terminar, en la planta baja funcionan distintos locales comerciales que desarrollan sus actividades con normalidad.
El arte urbano también sumó novedades. El Bar Conde incorporó nuevos murales, entre los que sobresale uno de grandes dimensiones dedicado a la estación Colegiales, que se encuentra justo en la ochava. En la persiana que da a Conde, otro mural dice que “las Malvinas son Argentinas”.
En la Plaza Garicoits, sobre el sector de Delgado comprendido entre Virrey Arredondo y Virrey Loreto, hay otra escena que se repite con frecuencia. El espacio destinado a la práctica de calistenia es utilizado habitualmente por vecinos que realizan ejercicios físicos. Aunque un cartel aclara que las instalaciones no constituyen un juego para niños, también es común observar allí a los más chicos, que utilizan el sector como un lugar más de recreación.
Y las transformaciones urbanas tampoco se detienen exactamente en los límites de Colegiales. A pocas cuadras del barrio, en Villa Ortúzar (Charlone y 14 de Julio), se están llevando adelante demoliciones que anticipan nuevas construcciones. Es una postal cada vez más habitual en distintos sectores de la Ciudad: propiedades que desaparecen y terrenos que se preparan para recibir edificios.
Foto: el edificio inconcluso de Lacroze entre Conesa y Crámer, con locales en su planta baja que sí tienen actividad.