Desde hace ya muchos años, la zona comprendida a lo largo de Virrey Loreto (y calles paralelas), desde Álvarez Thomas hasta Crámer, es fácilmente reconocible por su belleza y un aspecto residencial que la hace muy particular. Sin embargo, cien años atrás, esta misma zona era muy humilde y se diferenciaba del resto del barrio por reunir ciertas características. La principal, era que estaba habitada por mayoría de inmigrantes italianos de la región calabresa. De modo que el lugar se hizo conocido como La Calabria. A mediados del siglo pasado, pocos rastros quedaban de aquellos primitivos vecinos. Sin embargo, como homenaje, al tramo de Virrey Loreto que va de Álvarez Thomas a Crámer, se lo denominó, precisamente, Calabria (esta variante en la nomenclatura se produjo entre 1974 y 1981).
La mala reputación de este sitio fue abordada en 1933 por el diario Crítica, a través del periodista Raúl Rivero Olazábal: “… hacia el noroeste se dilataba un país casi fabuloso: ‘La Calabria’, verdaderamente una sucursal de esta península cuyo dialecto era idioma oficial. Esta era la parte pendenciera del barrio y de allí llegaban con frecuencia los ecos de altercados que a veces acababan a balazos o a puñaladas”.
Raúl Rivero Olazábal, más allá de su condición de periodista, era un vecino que mediante dicho relato publicado por Crítica, recordaba una época que ya en 1933, se había ido: “Ha desaparecido ‘La Calabria, poco a poco y se van los potreros, se asfaltan las calles, hay más tráfico y no vemos ‘barras’ de muchachos ni agentes en las esquinas…”, continuó reflexionando Rivero con aire a nostalgia.
“Un barrio poco y mal habitado”
Como se mencionó, La Calabria abarcaba la amplia franja de terreno a la que hoy podríamos identificar por estar localizada entre las calles Crámer, Virrey Arredondo, Álvarez Thomas y Zabala (aunque sus límites difusos también podían llegar a alargarse hacia Lacroze y Elcano).
Más de cien años atrás el área citada había servido para que se afincaran numerosos inmigrantes de esa región del sur de Italia. Sólo apenas unas décadas más tarde, la presencia de aquellos calabreses fue raleándose. Sin embargo, su condición de antiguos vecinos y las anécdotas que protagonizaron, permanecieron en el recuerdo de los primitivos colegialenses, que se ocuparon de transmitirlas a las generaciones posteriores. Hoy, escasos vestigios quedaron. El barrio cambió completamente, la zona se ha vuelto residencial y los recuerdos de aquellos personajes tan particulares ya no abundan.
El siguiente, es otro texto escrito por Raúl Rivero Olazábal. El diario Crítica lo publicó en octubre de 1933: “Colegiales en los años de la ‘Guerra de 1914’ y posteriores, era un barrio poco y mal habitado. Era un lugar, sino bravo, como ha dado en decirse, que tenía sus momentos de mal humor, en los que podía suceder ‘una hombrada’ de la que hablaría el barrio por tres o cuatro días (…) La poca vigilancia en la ‘playa de cargas’ de la Estación Colegiales, dio origen a una industria y a un comercio entre las turbas de muchachos que vagabundeaban por los alrededores. Aprovechando las horas de la noche o un descuido de los peones, robaban grandes trozos de leña que llamaban ‘galletas’ y las vendían luego en las casas por unas monedas. Esas ‘filtraciones’ llegaron a ser tan grandes, que la empresa abrió los ojos y estableció mayor vigilancia. Algunos agentes del Escuadrón de Seguridad, recorrían las playas y calles vecinas. Entonces solían suceder persecuciones casi cinematográficas tras los ‘chorros de leña’. Cada dos o tres días, el barrio era alborotado por esas carreras desenfrenadas, las pitadas de auxilio, los gritos el tumulto y la caza final».
Ambos relatos periodísticos han sido llevados a las páginas del libro del profesor Diego del Pino, “Chacarita y Colegiales, Dos Barrios Porteños”. Los tiempos cambiaron y como se ve, son también diferentes las formas de delinquir. Si bien todo acto de esta naturaleza es repudiable, comparado a la actualidad, resulta casi un juego de niños saber cómo se manejaban los ladrones barriales de principios del siglo pasado.
Foto: La esquina de Virrey Loreto -calle denominada Calabria hace más de 35 años- y Delgado.
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