Gente de Cole

Cambió de nombre pero no de rubro: “Estamos poniéndole el pecho en familia”

En Olleros entre Zapata y la Avenida Cabildo, un negocio modificó su nombre de fantasía, aunque no su rubro, ya que sigue siendo una rotisería. En cuanto a la nueva denominación, es factible que atraiga la curiosidad de quienes comprueban la variante. ¿Cómo se llamaba? “Lo de Mariano”. ¿Cómo se llama ahora? “Lo de Sebas”.
Esta pequeña pero significativa variación, responde a un hecho que no es difícil de deducir. Quienes imaginen que el local gastronómico anteriormente tenía como dueño a Mariano, y hoy tiene al frente a Seba, estarán en lo correcto. Efectivamente, desde hace unos meses, Sebastián Pérez (foto) tomó las riendas del emprendimiento del cual antes, era empleado. Él mismo lo explica en esta nota: “Hace unos diez años que trabajo acá. Estaba en relación de dependencia y Mariano era el propietario pero llegó un momento en que el rubro lo agotó. Necesitaba un cambio y pensó en vender el fondo de comercio. Me preguntó si quería comprarlo. Le dije que sí y acá estamos”.
Sebastián cuenta con amplia experiencia en el rubro, aunque también se desempeñó en otro tipo de quehaceres. “Trabajé como albañil, fui cadete, encargado de edificio. También estuve dos años sin laburo, así que en ese tiempo agarraba lo que me ofrecían, las necesidades no me dejaban elegir, cualquier tipo de trabajo me venía muy bien”.
En aquel lapso, aceptó un empleo en un hogar geriátrico, pero lejos de traerle buenos recuerdos, aquel resultó una experiencia traumática para el entrevistado: “Fue de lo peor que viví, por el maltrato que recibían los abuelitos. Ahí estuve sólo tres meses”.
A la hora de definir lo que más le agrada de haber quedado como máximo responsable del negocio, indica: “Antes pasaba mucho tiempo en el sector de la cocina pero ahora además me dedico a atender a la gente. Esto me permite relacionarme más con los clientes, poner platos del día nuevos, innovar. Ese contacto directo me gusta mucho”.
Por el contrario, lo que le desagrada es “llegar al horario de apertura y no tener todo lo que me propuse en mi cabeza. El tiempo en esta rotisería se pasa rapidísimo porque contamos con platos que llevan mucha elaboración y cocción. Por ejemplo, una tarta con todos sus ingredientes, hay que elaborarla, cocinarla, que se enfríe y ponerla en la heladera. Ese proceso dura aproximadamente tres horas. Es largo, pero eso es lo que nos caracteriza, darle a la gente el mejor trato posible y la mejor variedad”.
De acuerdo a lo narrado por Sebastián, el anterior propietario de la casa de comidas se comportó muy bien con él. “Mariano tuvo un gran gesto al vendérmela. Un día me dijo: ‘Voy a vender el negocio Seba, ¿te gustaría comprarlo? Tenés la capacidad, la experiencia, las condiciones, así que si te gusta, charlamos, arreglamos un dinero y sería tuyo’. Yo trabajé con él casi diez años, la relación quedó muy bien. Siempre en un trabajo hay rispideces pero nada que no se haya podido solucionar hablando. De Mariano no tengo más que palabras de agradecimiento. Era una oportunidad única y no la iba dejar pasar”.
A propósito de cómo repercute en su actividad la compleja realidad del país, señala: “Preocupan la inflación y tanta incertidumbre… La situación está difícil para todos. Y eso va más allá del gobierno. Con respecto a los precios, todas las semanas aumenta algo. Pienso que hubiera sido mejor hacerlo de manera paulatina. Primero carnes, después lácteos, después harina. Pero te aumenta todo junto y es un problema para todos”.
Sebastián convirtió el negocio en un emprendimiento familiar: a la par de él se desempaña su esposa Viviana, mientras su hija Agostina, cuando puede, también concurre a colaborar. “Estamos poniéndole el pecho en familia, como tiene que ser, estar unidos y darle para adelante. Creo que los clientes están muy contentos”, concluye.

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