Un vecino de Colegiales tuvo esta experiencia con un viejo lavarropas y las gestiones que hizo para que lo retiraran de su domicilio. El hombre deseó relatarla a través de nuestro medio. La foto, corresponde al mismo artefacto, una vez que fue depositado en la vereda.
“Hace algunos años compré un lavarropas usado. Me equivoqué con la compra. El aparato nunca funcionó bien y mi esposa terminó lavando a mano. Tratamos de deshacernos del lavarropas, llamando a los comerciantes que pasan por el barrio en camioneta, hablando por altoparlantes y comprando todo tipo de aparatos en desuso. No lo quisieron. Al parecer, no servía ni para repuestos. Surgió la idea de llevarlo a la calle, pero nos desalentó el hecho de que –por su tamaño y su peso- era muy dificultoso sacarlo del departamento y llevarlo por las escaleras hasta la vereda. Así pasaron unos cuantos meses, con el lavarropas arrumbado en el mismo lugar en el que quedó cuando lo trajeron a casa.
Un día, nos decidimos a hacer lo que tanto queríamos evitar: llevarlo hasta la calle. Para alivianar el peso, usando pinzas y una sierra, tratamos de quitarle algunas piezas. La idea era desarmarlo todo y sacarlo de casa por partes, pero sólo logramos extraer lo mínimo. La única alternativa, entonces, sería la nada atractiva tarea de arrastrarlo por el piso del depto y después, por el pasillo y escaleras abajo. Entre los dos, así lo hicimos (sinceramente, debo reconocer que costó menos de lo que esperaba).
Con el el lavarropas junto al cordón de la vereda, y al lado de un árbol, averiguamos en qué consistía el procedimiento para que se lo lleve el Gobierno de la Ciudad, sabiendo que estos electrodomésticos y otro tipo de muebles y aparatos que los vecinos desean descartar, son retirados gratuitamente. Creo que, por una falta de práctica en relación a las nuevas tecnologías, dar con la forma de implementar este servicio, nos llevó casi tanto tiempo como bajar el lavarropas a la calle. Mi propósito original era dialogar telefónicamente con una persona “de carne y hueso”, pero claro, en esta época, eso es cada vez más difícil… Sin embargo, tras una serie de pasos donde utilizamos celular y computadora, donde circulamos por Whatsapp y sitios web, donde probamos usuarios y contraseñas reiteradamente, logramos arribar a buen puerto.
El acierto –muy celebrado- en nuestra gestión se tradujo en un correo electrónico automático que el Gobierno de la Ciudad le envió a mi esposa. Decía: “Tu solicitud de Retiro de residuos voluminosos (muebles y electrodomésticos) fue ingresada con éxito”. Se adjuntaba además, un número de solicitud. Según decía el correo, había que imprimir o escribir en una hoja la leyenda “recolección programada” y pegarla en el artefacto, a la espera de que al menos un par de días más tarde, el camión del GCBA pase a buscarlo. Realizada esta labor, nuestra parte estaba cumplida.
Horas después salí de casa y al observar el lavarropas –al que le habíamos quitado la tapa superior- vi que en su interior había un par de botellas. Pero lo más asombroso sucedió cerca del mediodía del día siguiente. Una camioneta paró a unos metros de donde se encontraba el electrodoméstico. De su interior salió un muchacho y lo cargó en un carrito con ruedas. Mientras recorría el trayecto para subirlo al vehículo, casualmente, yo salía del edificio. El cartelito de “recolección programada” estaba claramente a la vista, por lo tanto, me sorprendió que lo haya ignorado. A la distancia, atiné a hacerle un “no, no” mediante un ademán con el dedo índice de mi mano derecha. Ya más cerca del muchacho, respetuosamente le expliqué que estaba hecho el trámite para que se lo lleve el Gobierno de la Ciudad. Mientras un compañero al volante de la camioneta lo esperaba, me miró con gesto de desaprobación, pero de todos modos recorrió el camino inverso y dejó el lavarropas donde estaba. Después, se fueron…
Me quedé un largo rato pensando. ¿Actué bien o mal? Podía haber dejado que se lo llevaran, pero ¿era lo que correspondía? Todavía con ciertas dudas, llegué a la conclusión de que hice lo correcto. De haber sabido que a los comerciantes del altoparlante les servía el viejo artefacto, quizás me habría ahorrado semejante operativo por Internet. Pero en mi memoria, permanecía el recuerdo de la ocasión en que al subir a mi casa a mirarlo, sin que llegáramos a hablar de dinero, no lo quisieron, aunque también es verdad que no sé si quienes lo vieron aquella vez, era la misma gente que en esta oportunidad. Al día siguiente, el lavarropas ya no estaba. Deduzco que fue el vehículo recolector del gobierno porteño el que lo levantó, aunque por no haberlo visto, no soy capaz de afirmarlo. ¿Habrá sido así?».
Para solicitar el retiro de residuos voluminosos, iniciar la gestión a través de este link:
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