Veinte años hacía que la panadería Gabinat se había instalado en Zabala entre Delgado y Martínez. Allí, Mary y su esposo habían recalado después de haber tenido un local de similiares características en Villa Urquiza. ¿La denominación? Una conjunción de los nombres de sus hijos, Gabriel y Natalia.
A lo largo de dos décadas armaron una nutrida clientela y eran muy queridos en el barrio. «Pero las cosas están difíciles», se lamentaba la señora, hace ya un tiempo. De todas maneras, ella seguía poniéndole una sonrisa y su simpatía a la adversidad. Pan de todo tipo, confituras, facturas, tortas caseras, empanadas caseras, cremona, bay biscuits… Todo eso fomaba parte de su generosa oferta, en una cuadra residencial, tranquila y destacada por la completa ausencia de locales comerciales. Claro, con excepción de Gabinat.

Un día de octubre, la fachada amaneció diferente que en las dos últimas décadas. Cortinas blancas cubriendo el interior y carteles anunciando un cambio de dueño, indicaban que Mary y su familia ya no estarán. La marquesina azul también fue quitada. Los letreros siguen anunciando: «Reabriremos pronto». Desde este espacio, valoramos y agradecemos a los dueños salientes sus años de servicio en el barrio y hacemos votos para que la vieja panadería -aunque ahora con otro nombre- logre cumplir con las expectativas generadas.
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