Gente de Cole

La Citroën que resiste en Colegiales y reabre el debate sobre los vehículos abandonados

En una cuadra tranquila del barrio, sobre Virrey Loreto entre Conde y Freire, hay un vehículo –el de la foto- que desde hace mucho tiempo parece formar parte del paisaje cotidiano. Se trata de una antigua furgoneta Citroën, estacionada junto al cordón, con la carrocería muy deteriorada y evidentes marcas del paso de los años. Resulta difícil precisar desde cuándo permanece allí: ¿Meses? ¿Años? Lo cierto es que su presencia no pasa inadvertida.

A simple vista, el estado del utilitario hace pensar en un vehículo abandonado. Sin embargo, un cartel pegado en uno de los vidrios aclara que no se encuentra fuera de uso definitivamente, sino a la espera de ser reparado. La breve leyenda modifica por completo la percepción inicial y abre otra lectura: la de un automóvil antiguo que todavía conserva un valor afectivo o histórico para su propietario.

Datos técnicos

Ver hoy una furgoneta Citroën de este tipo en las calles porteñas no es algo frecuente. Aunque en determinadas décadas estos modelos tuvieron cierta popularidad, nunca llegaron a ser masivos. Su diseño simple, su mecánica austera y su aspecto inconfundible hicieron que se transformaran en un símbolo particular de otra época del transporte urbano y comercial.

Según datos históricos publicados por el Citroën Club Buenos Aires, la versión AK 400 comenzó a producirse a fines de la década de 1970 y utilizaba la mecánica derivada del clásico 3CV argentino. Por su parte, el sitio especializado Auto Archivo señala que este modelo contaba con un motor bicilíndrico de 602 centímetros cúbicos, caja manual de cuatro velocidades y una potencia cercana a los 32 caballos de fuerza. También se destacaba por su bajo peso —apenas 630 kilos— y por una estructura pensada para el trabajo de carga liviana.

Problemática urbana

Más allá de la curiosidad que genera este viejo utilitario en Colegiales, el caso también remite a un problema urbano mucho más amplio. En distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires es habitual encontrar vehículos detenidos durante largos períodos, algunos visiblemente abandonados, otros chocados, a la espera de reparaciones mecánicas o pendientes de trámites judiciales y de seguros. Todos ellos terminan ocupando espacio público durante semanas, meses o incluso años.

La situación adquiere mayor relevancia en una ciudad donde estacionar ya representa una dificultad cotidiana para miles de conductores. Cada automóvil inmovilizado junto al cordón implica un lugar menos disponible en zonas donde la demanda de estacionamiento supera ampliamente la oferta.

Frente a esta problemática, el Gobierno porteño mantiene habilitado un sistema para denunciar vehículos abandonados en la vía pública. De acuerdo con la información difundida en el sitio oficial del Gobierno de la Ciudad, cualquier vecino puede solicitar la remoción de autos que presenten señales evidentes de deterioro, abandono o imposibilidad de circular por sus propios medios. El trámite es gratuito y puede realizarse de manera online, incorporando fotografías y, en caso de contar con patente visible, una imagen de la misma para respaldar el reclamo.

En ese contexto, la vieja furgoneta de Virrey Loreto parece quedar en una zona intermedia entre el abandono y la espera. Mientras quizás algunos la observen como un vehículo fuera de época que ocupa un espacio escaso, a lo mejor otros la vean como una pequeña postal sobreviviente de un Buenos Aires que lentamente va desapareciendo.