Ermelinda Iovanna se quiebra. Acaba de decirle a una clienta, que el 30 de marzo, será el último día de Sant’Angelo, la panadería/confitería ubicada en Zabala entre Martínez y Delgado. La señora escucha la novedad y se sorprende, seguramente, de la misma manera que todos los que han recibido la inesperada noticia de boca de la dueña del comercio familiar. Ella se encarga de -en la medida de lo posible- comunicarle a la gente que estos son los últimos días del negocio bajo su actual denominación. Luego volverá a levantar la persiana, pero ella ya no estará detrás del mostrador, que contará con un nuevo propietario y otro nombre de fantasía.
Ermelinda confirma que dicho nombre será Naranjo y Flor. En diálogo con este medio, señala que la venta se concretó en el tramo final de este verano que ya consume sus últimas horas. Además, explica que las causas nada tienen que ver con una disminución del trabajo, sino con razones muy relacionadas al cansancio del grupo familiar. Si bien ella es una de las caras más visibles de Sant’Angelo por ser una de las personas que se ocupan de la atención al público, cabe tener en cuenta que su esposo Maxi trabaja a destajo en el sector trasero, donde funciona la cocina, e incluso los hijos forman parte de este emprendimiento gastronómico que se ganó la aceptación de muchísimos vecinos en base a un gran empeño y a la variedad y calidad de los productos hechos artesanalmente.
Ermelinda resume el cuadro de situación de la siguiente manera: “La verdad es que no nos está yendo mal, no podemos quejarnos para nada en ese sentido. Pero las cosas obviamente no se hacen solas, y para que funcionen es necesario estar muy encima, ponerle muchas horas al negocio, estar en cada detalle. Eso se logró pero a partir del enorme esfuerzo realizado, llegó un momento en que decidimos replantearnos todo. Ahí acordamos tomarnos un descanso y poner el fondo de comercio en venta. Esto sucedió el año pasado. En febrero de 2023 la inmobiliaria nos comunicó que había un interesado, el dueño de la propiedad estuvo de acuerdo y finalmente se concretó la operación”.
En octubre de 2017, tuvo lugar la inauguración de Sant’Angelo. Así como en esta ocasión, aquella vez tampoco hubo un cambio de rubro, pues ya funcionaba la panadería Gabinat, que llevaba muchos años en el barrio. Sin embargo, la firma entrante le colocó la nueva razón social, implementando además una dedicación y un estilo propio gracias a los cuales se ganó la confianza de vecinos de esta y otras zonas. Ermelinda sostiene que el recorrido no resultó sencillo, que debieron soportar dificultades y que la pandemia fue una de las más fuertes. No obstante, salieron adelante. Pero unos cinco años y medio más tarde, hay que hablar de un ciclo cumplido. “Lo que viene ahora es descansar un poco y visitar a parte de la familia, que vive en España. Existen proyectos para continuar haciendo esto y quizás allá podamos poner algo en marcha. Serán vacaciones pero a la vez, tenemos que seguir pensando en trabajar, así que el tiempo dirá…”, desliza Ermelinda, emocionada. Y concluye: “Quiero agradecer inmensamente a la gente de Colegiales. Estoy contenta con la decisión pero no es fácil irse y dejar esto. En estos casi seis años construimos una gran relación con ellos, por eso, cuando me toca decirles que nos vamos, no puedo evitar las lágrimas…”
Foto: Ermelinda Iovanna detrás del mostrador en los comienzos de Sant’Angelo, detrás del mostrador.
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