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Escenas de la vida colegialense

Caminar por Colegiales me trae esa mezcla de calma y nostalgia. Será porque nací acá, porque cada esquina cuenta una historia, o porque a pesar de los cambios, el barrio todavía conserva algo de su alma original. Cada tanto salgo a recorrerlo sin rumbo fijo, solo para ver qué hay de nuevo y qué sigue en pie. En estos días, vi varias cosas que me llamaron la atención.

Una de las postales más significativas tiene que ver con los cambios en el paisaje urbano. En Zapiola y Palpa, una vivienda acaba de ser demolida. Sobre el papel blanco que cubre el frente, alguien dejó escrito un mensaje directo, casi desesperado: “basta de edificios”. No muy lejos de allí, en Crámer y Elcano, días atrás terminó de caer otra propiedad de dos plantas que albergaba una vivienda y un local comercial que ya no tenía actividad. Son escenas que se repiten y que despiertan, según quién las mire, expectativa o preocupación.

Algo similar ocurre a pocas cuadras, ya en Villa Ortúzar, en Giribone entre 14 de Julio y Heredia, frente a la plaza 25 de Agosto. En el predio de una casa de dos plantas se levantará un edificio, y la vivienda contigua luce carteles de venta. El movimiento inmobiliario no reconoce límites barriales estrictos y va moldeando, cuadra a cuadra, el perfil de la zona.

Mientras tanto, en las calles más transitadas y también en las más silenciosas, continúan las obras sobre el adoquinado. Delgado, entre Palpa y Céspedes, estuvo cerrada al tránsito vehicular, al igual que Vidal entre Avilés y Virrey del Pino.

En el Parque Ferroviario, otro tema concentra la atención de varios vecinos: los vagones abandonados que permanecen en el predio. Un grupo está realizando gestiones ante el Gobierno nacional, que tiene jurisdicción sobre las tierras del ferrocarril, para que sean retirados. La presencia de esas formaciones oxidadas, inmóviles desde hace años, contrasta con la vitalidad del espacio verde que creció alrededor.

No todo son demoliciones y obras. También hay movimientos más pequeños que hablan de la vida cotidiana del barrio. La histórica panadería y confitería Iris, sobre Lacroze entre Conde y Freire, cerró momentáneamente por refacciones. Para no perder el contacto con sus clientes, comenzó a atender por una entrada provisoria en Conde, entre Lacroze y Teodoro García. En unas semanas volvería a su ubicación original.

Otro clásico que cambió de lugar es la carnicería Marcelo. Después de varios años en Lacroze entre Conde y Freire, se mudó a Conesa entre Teodoro García y Palpa, ahora en el interior de un supermercado “chino”.

En contraste con estos movimientos, hay presencias que parecen detenidas en el tiempo. La vieja parada de diarios de la estación Colegiales lleva años cerrada y en estado de abandono. Está en el andén junto a la calle Crámer, el que recibe los trenes procedentes de Retiro. Su estructura ya es parte del paisaje ferroviario.

Y en Zapiola entre Matienzo y Concepción Arenal, un auto severamente chocado, con la parte delantera destruida, permanece estacionado desde hace varios días. En el parabrisas le colocaron un cartel rojo que anuncia su próxima remoción.

Foto: “¡Basta de edificios!”. La inscripción está en Palpa y Zapiola.

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