FÚTBOL, MÚSICA Y ENTRETENIMIENTO
El hijo del vecino (*) le dijo buenas noches a sus padres y se metió en la cama. Asistía a cuarto grado de la escuela primaria y a la mañana siguiente, había que estudiar. Sin embargo, no se dispuso a dormir, como les había dicho a ellos. El nene tomó su tablet y se quedó jugando hasta la madrugada.
Hay fábricas e industrias, que aunque no están en un lugar físico específico, tienen mucho poder y ejercen una gran influencia entre la gente. Hay una en particular, a la que podemos identificar como la industria de la diversión o del entretenimiento. Suele operar de muchísimas formas diferentes: campeonatos de fútbol, bandas y solistas musicales, películas y series de TV, videojuegos… Estos son sólo ejemplos del enorme alcance que tienen. En función de la voracidad de la gente por consumir sus productos, esta industria se transformó en un imperio que gana fortunas impresionantes, y para no dejar de hacerlo, debe continuar seduciendo constantemente, para que el interés del público nunca decaiga.
No es malo que nos guste un cantante, un club de fútbol o jugar a la play. El problema, son los excesos. Y para alguien que se ha sentido atraído por la industria del divertimento, no será tan fácil darse cuenta de que en determinado momento puede cruzar una línea y quedar atrapado en la peligrosa red que lo mantenga apartado de las cosas más importantes, como la familia, el estudio, el trabajo… Y también de nuestro Señor, que juzga como idolatría todo lo que en la escala de valores esté por encima de Él. Mientras tanto, el objetivo del diablo, es justamente ese: que el mundo se aleje de Dios. Por eso, esta poderosa industria le sirve de gran utilidad en su lucha contra el Eterno.
No nos aislemos del mundo, pero tratemos de estar atentos a lo que vemos por televisión, internet, etc. También, por supuesto, al tiempo que le dedicamos. Y si en algún momento nos sentimos confundidos al no saber dónde está ese límite, acudamos a Dios en oración, para que nos ayude a despejar la duda.
Un sustento bíblico:
Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman. Santiago 1:12.
“NO PASA NADA”
“No pasa nada… Divertite. Nadie puede quitarte el derecho a pasarla bien”. El hijo del vecino (*) escuchó a su compañero de colegio, aquella noche. Lo estaba invitando a consumir una sustancia con la que, según decía, podría bailar sin parar. El hijo del vecino dudó, pero unos segundos después, le respondió al supuesto amigo: “No, gracias”. Y se fue a su casa.
Hasta hace unos años, las drogas más populares eran la cocaína y la marihuana. Sin que estas quedaran de lado, además fueron ganando terreno las drogas de diseño, unas pastillas que los jóvenes suelen ingerir en grandes cantidades en sus salidas nocturnas. Aparentemente, son inofensivas y a simple vista, su efecto es contribuir a que el consumidor, disfrute y se divierta. Sin embargo, detrás de la breve alegría que son capaces de generar, viene un negro panorama que no muchos tienen en cuenta. Cuando el efecto se va, aparecen personajes nada amigables, como la depresión, la ansiedad, y también el deterioro de las relaciones con nuestros seres queridos. Algo parecido, sucede con otros alucinógenos y con las bebidas alcohólicas, una droga que, ahora legalizada, sigue avanzando con fuerza y su alto consumo, provocando desastres entre jóvenes y adultos, a nivel individual y por consecuencia, en la sociedad toda.
A veces es difícil negarse cuando las personas que nos rodean se suben a la ola y tratan de influir para que nos unamos a ellos. La tentación es grande. Sin embargo, nadie puede obligarnos a nada. Por más que la presión social sea intensa, usemos las herramientas que el Señor nos proporcionó para apartarnos del mal, así como afirmó el apóstol Pablo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).
Un sustento bíblico:
Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse. Proverbios 25:28.
(*) En Colegiales o en cualquier rincón del mundo… El “hijo del vecino” podrías ser vos, yo, o cualquier hijo de vecino.
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