Gente de Cole

Una historia familiar que atraviesa generaciones

En la cuadra de Conde al 700, entre Federico Lacroze y Teodoro García, el paso del tiempo no borró una escena cotidiana: la persiana que se levanta temprano, la harina que se mide sin balanza a fuerza de costumbre, y una familia que sigue ocupando el mismo lugar que hace más de cuatro décadas. Allí funciona Pastas Conde, el proyecto que sintetiza la historia de los Medina.

Julio Dirseo Medina llegó a Buenos Aires desde La Aurora, en Santiago del Estero, cuando tenía 14 años. La ciudad todavía ofrecía márgenes para quien supiera moverse entre oficios. En los años setenta armó una fábrica de pastas en Jorge Newbery y Córdoba, zona limítrofe entre Colegiales y Chacarita, aunque del lado de este último barrio.

A su lado estaba Lindaura Angulo, Lila, nacida en 1936 en Río Colorado, Tucumán. Había llegado a Buenos Aires a los 23 años y se había casado con Julio en 1962. Su papel, seguramente, nunca quedó reducido a lo doméstico ni a lo accesorio: en cambio, es posible que haya sido parte de cada decisión, de cada ajuste y de cada reinvención del negocio. Cuando en 1982 abrieron el local en Conde, el salto, implicó pasar a mantener un vínculo directo con la parte neurálgica del barrio Colegiales.

La casa familiar y el trabajo compartieron durante años una misma geografía. En la esquina de Jorge Newbery y Córdoba, donde vivían, también funcionó la primera fábrica. Allí crecieron sus hijos, Julio Víctor y Luis, incorporando desde chicos una relación natural con el oficio. No como una obligación explícita, sino como parte del paisaje cotidiano: la masa, los moldes, el ir y venir de proveedores.

Julio Víctor, nacido en 1972, tomó distancia en la adultez. Desde los años 2000 vive en Montreal, Canadá. Su vínculo con Colegiales se volvió intermitente pero constante: regresa cada tanto, visita a la familia y se reencuentra con un espacio que conserva rasgos reconocibles pese a los cambios del entorno.

Luis, dos años menor, siguió otro recorrido antes de volver al origen. Trabajó en el área de Sistemas de una empresa de cable y en 2014 se incorporó de manera formal al negocio familiar. Para entonces, Pastas Conde ya tenía una identidad consolidada. Su decisión no fue un retorno nostálgico sino una continuidad con ajustes: incorporar herramientas, sostener la calidad y adaptarse a nuevas formas de consumo sin desarmar lo esencial.

Hoy, el local mantiene una dinámica que combina generaciones. Julio y Lila siguen presentes, con la autoridad que da la experiencia acumulada. Luis se mueve entre la producción y la atención, con un pie en la tradición y otro en la actualización necesaria para que el negocio siga siendo viable. La historia de la familia no se exhibe, pero ante el cariño de los vecinos y clientes, se filtra en cada detalle: en la manera de nombrar los productos, en el trato con los clientes habituales y en la persistencia de ciertas recetas.

Foto: Luis Medina y sus padres, Julio y Lila, en su local de Colegiales. Julio Víctor, el hijo mayor, vive en Canadá.