La estación Federico Lacroze de la Línea B del subte fue escenario, este miércoles, de una protesta encabezada por los metrodelegados, una acción gremial que se desarrolló sin interrumpir la circulación de los trenes. El reclamo tuvo lugar en el acceso ubicado en la intersección de avenida Corrientes y Federico Lacroze, un punto neurálgico para muchos vecinos de Colegiales que utilizan a diario esta línea por la cercanía del barrio con la estación emplazada en Chacarita.
Desde temprano, la medida generó atención entre los usuarios habituales y en el entorno barrial, ya que los trabajadores optaron por liberar los molinetes durante un tramo de la mañana. De este modo, el servicio funcionó con normalidad, aunque bajo un clima de tensión que volvió a poner en agenda los conflictos recurrentes en la red de subterráneos porteña. La protesta, previsible por antecedentes recientes, fue seguida de cerca por distintos medios de alcance nacional.
A propósito de lo informado, por ejemplo, en portales como Infobae.com y TN.com.ar, la acción gremial formó parte de un reclamo más amplio impulsado por la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), que denuncia desde hace años la presencia de asbesto en trenes y talleres. Tal como había sido anunciado previamente, los empleados levantaron los molinetes entre las 7 y las 8 de la mañana y realizaron una conferencia de prensa alrededor de las 7.30 en la misma estación Federico Lacroze, donde anticiparon que el conflicto podría profundizarse en los próximos días.
Agregaron dichos medios periodísticos que desde la empresa concesionaria Emova calificaron la protesta como sorpresiva y difundieron un comunicado en el que vincularon la medida a un conflicto puntual por la no efectivización de una trabajadora tras finalizar su período de prueba. Según la compañía, la decisión se tomó luego de reiterados incumplimientos laborales y tras haberse agotado todas las instancias administrativas posibles. Esta versión fue rechazada por los delegados, quienes sostienen que el eje del reclamo es estrictamente sanitario.
Incluso, trabajadores que no se plegaron a la protesta deslizaron que la empleada en cuestión sería familiar de uno de los delegados sindicales, y cuestionaron la coherencia del reclamo al señalar la contradicción entre denunciar riesgos para la salud y exigir una reincorporación en un ámbito que, según el propio gremio, estaría contaminado.
Por su parte, la AGTSyP reclamó al Gobierno de la Ciudad la declaración de la Emergencia Operativa en la Línea B, con el objetivo de acelerar la llegada de una nueva flota, avanzar en el recambio de vías, reactivar planes de mantenimiento integral y concretar la eliminación total del asbesto en la red. En un comunicado difundido por el gremio, también se denunció que en las últimas semanas Emova habría intervenido de manera irregular sobre componentes contaminados en formaciones Mitsubishi que aún circulan en la línea, lo que habría provocado la dispersión de fibras cancerígenas.
Los delegados advirtieron que esta situación se suma a problemas estructurales de larga data: falta de inversión sostenida, deterioro de la infraestructura, trenes con décadas de antigüedad y un esquema tarifario que, según su visión, no se corresponde con la calidad del servicio. Además, denunciaron sanciones disciplinarias, descuentos salariales considerados arbitrarios y episodios de violencia laboral, incluyendo el caso de una trabajadora desvinculada tras denunciar acoso, hecho que el gremio interpreta como una represalia.
La protesta en Federico Lacroze volvió así a poner en foco un conflicto que combina reclamos sanitarios, laborales y políticos, y que impacta de manera directa en miles de usuarios del subte, entre ellos numerosos vecinos de Colegiales que dependen cotidianamente de la Línea B para desplazarse por la Ciudad.
Foto: La boca de subte de Lacroze y Corrientes (Google Street).
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