El fallecimiento de Victoria Campos Malbrán de Rohm volvió a poner en primer plano la tarea de AEDIN (Asociación en Defensa del Infante Neurológico), una institución con fuerte arraigo en Colegiales. Aunque la noticia fue replicada por medios de alcance nacional, en el barrio su presencia es cotidiana: el movimiento de combis, familias y profesionales en la zona de Teodoro García y Conesa da cuenta, desde hace décadas, de una labor sostenida. En el tratamiento más general que recibió la información (Infobae y La Nación, por ejemplo, cubrieron la noticia) se destacó la dimensión social de la obra, si bien no se mencionó a Colegiales. En concreto, la sede de AEDIN se encuentra en Teodoro García entre Conesa y Zapiola. A la vuelta, sobre Conesa, entre Teodoro García y Lacroze, es por donde habitualmente ingresan a las áreas de terapia los chicos, los docentes, etc. Allí, por consiguiente, se produce el mayor movimiento de gente. En función del mismo, seguramente, AEDIN se ha hecho muy conocido entre los vecinos del barrio.
Según reconstruyó La Nación, la trayectoria de Campos Malbrán de Rohm estuvo atravesada por una experiencia personal decisiva: el nacimiento de su hija con parálisis cerebral. A partir de ese punto, comenzó a vincularse con la neurología infantil en el Hospital de Niños y detectó carencias estructurales en la atención y contención de las familias. Esa observación derivó en la creación de AEDIN, hace más de cuatro décadas, con un enfoque que integraba educación y rehabilitación bajo una misma lógica de cuidado.
Infobae, por su parte, subraya que el proyecto se consolidó como un modelo pionero en América Latina. La institución brindó respuestas terapéuticas y permitió que muchas familias pudieran reorganizar su vida cotidiana, al contar con un espacio donde los chicos recibían atención integral. Con el tiempo, ese esquema inicial se amplió hasta incluir un colegio y un centro de rehabilitación que hoy asisten a más de 500 niños y jóvenes.
La evolución de AEDIN estuvo ligada a una construcción progresiva, sostenida por voluntariado, aportes privados y la incorporación de equipos profesionales especializados. De acuerdo con Infobae, ese crecimiento respondió a una demanda constante y a la necesidad de ofrecer un abordaje personalizado, que contemplara tanto al paciente como a su entorno familiar. La iniciativa, que comenzó como respuesta a la falta de cobertura médica en numerosos casos, terminó por configurar un sistema de atención de referencia en el país.
En el perfil que trazó La Nación, aparece también el rasgo personal de su fundadora: una figura con fuerte impronta en cada aspecto de la institución. Desde la definición de su lema —“educar y rehabilitar con amor para una vida feliz”— hasta el acompañamiento cotidiano, su presencia moldeó el funcionamiento del espacio. Esa filosofía fue reiterada en sus últimas intervenciones públicas, incluso mientras atravesaba una enfermedad prolongada.
Ambos medios coinciden en señalar que, más allá de su fallecimiento, el legado de Campos Malbrán de Rohm se proyecta en la continuidad de la obra. La necesidad de sostener el financiamiento mediante aportes privados y donaciones fue uno de los últimos planteos que dejó planteados. Su figura había recibido reconocimientos institucionales, entre ellos la declaración como personalidad destacada de la Ciudad, en virtud de su aporte a la inclusión educativa y la formación de profesionales.
Desde Colegiales, donde AEDIN mantiene su intensa actividad cotidiana, esa herencia adquiere una dimensión concreta: la circulación constante de chicos, docentes y terapistas refleja la vigencia de un proyecto que trascendió su origen individual. La historia que comenzó como una respuesta familiar terminó por consolidarse como una red de asistencia que sigue en funcionamiento, ahora sin su fundadora, pero con una estructura que lleva su impronta.
Foto: la entrada de AEDIN de Conesa y Federico Lacroze.