Gente de Cole

Juan Roberto “Cacho” Console: su fallecimiento

Hay personas que, sin buscar protagonismo, terminan formando parte de la identidad de un barrio. Su presencia cotidiana, un saludo amable o una breve conversación hacen que, con el paso de los años, se conviertan en rostros familiares para cientos de vecinos. Eso ocurrió con Juan Roberto “Cacho” Console, cuyo fallecimiento, ocurrido en junio, probablemente haya provocado un gran impacto entre quienes transitaban habitualmente por la zona de Conde y Gregoria Pérez.

Quizás muchos se hayan enterado de la noticia de una manera inesperada. Al llegar hasta la tapicería “La Amistad”, encontraron la persiana baja y un cartel que comunicaba el fallecimiento de Cacho. Para numerosos vecinos, presumiblemente, fue un momento de sorpresa y conmoción. Incluso quienes nunca habían sido clientes del comercio a lo mejor lo conocían de verlo cotidianamente, trabajando junto a su compañero y socio, Fernando Berger.

Durante años, esa escena se repitió casi sin cambios. Ambos realizaban sus tareas de tapicería sentados en la vereda, mientras el movimiento del barrio transcurría cansinamente en este sitio de poco tránsito. Era habitual que saludaran a quienes pasaban o que hicieran una breve pausa para conversar con algún vecino. Ambos respondían con cordialidad y se prendían en la charla sin problemas.

En las semanas previas a su fallecimiento, sin embargo, esa imagen comenzó a modificarse. Un delicado estado de salud le impidió continuar asistiendo al local: Cacho vivía a pocas cuadras del negocio, en Conde y Federico Lacroze, también en Colegiales, barrio al que había dedicado buena parte de su vida laboral.

Aunque había nacido en Almagro el 4 de marzo de 1952, fue a mediados de la década de 1970 cuando llegó al barrio para desempeñarse en una antigua tapicería ubicada en Céspedes y Delgado. Aquella experiencia marcaría el inicio de un largo recorrido profesional en el barrio.

Años más tarde, en 1991, dio un paso decisivo junto a Fernando Berger. Ambos asumieron el desafío de abrir “La Amistad”, la tapicería de Conde y Gregoria Pérez que desde entonces se transformó en un comercio reconocido por varias generaciones de vecinos.

Berger, nacido en 1950, también pasó su infancia en Almagro. Durante la década de 1980 se radicó en Belgrano, en las inmediaciones de Ciudad de la Paz y Mendoza, y por esos mismos años comenzó a trabajar en Colegiales. Poco después iniciaría, junto a Cacho, el emprendimiento que terminaría convirtiéndose en un verdadero clásico barrial.

Días después del fallecimiento de su socio y amigo, tuve la oportunidad de conversar con Fernando. El impacto de la pérdida todavía resulta evidente. Ya no trabaja en esa vereda que durante tantos años compartió con Cacho. Ahora desarrolla sus tareas desde el interior del local. Allí mismo, hace unos días, pasé unos cuantos minutos con él. Comprobé que a pesar de la tristeza, tiene la voluntad de seguir adelante. Con la serenidad de quien atraviesa un duelo profundo, continúa al frente del negocio que ambos construyeron durante más de tres décadas. Mantener abiertas las puertas de “La Amistad” constituye, de algún modo, la continuidad de un proyecto compartido y también un homenaje silencioso a quien, además de su socio, fue su amigo.

Foto: Juan Roberto “Cacho” Console.

Pablo Wildau