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Escenas de la vida colegialense

Caminar por Colegiales me trae esa mezcla de calma y nostalgia. Será porque nací acá, porque cada esquina cuenta una historia, o porque a pesar de los cambios, el barrio todavía conserva algo de su alma original. Cada tanto salgo a recorrerlo sin rumbo fijo, solo para ver qué hay de nuevo y qué sigue en pie. En estos días, vi varias cosas que me llamaron la atención.

El otoño ya empezó a hacerse notar en el barrio. En Zabala, entre Martínez y Delgado, las hojas caídas cubren buena parte de la calle y las veredas.

Pero no todo remite a ciclos naturales. También hay cambios más abruptos, de esos que modifican la fisonomía cotidiana. En Zabala y Freire, por ejemplo, ya no están los locales que durante años formaron parte de la esquina. Allí funcionaba una pizzería —que se mudó a Palpa y Freire— junto a otros comercios que llevaban meses sin actividad. Todo fue demolido y en el lugar se levantaría un nuevo edificio.

Algo similar ocurre en otros puntos del barrio, donde los cierres empiezan a acumularse. En Conde, entre Virrey Avilés y Virrey Olaguer y Feliú, bajó la persiana Petrocco, uno de los garages tradicionales de la zona. Tras años de actividad, el frente ya fue tapiado y comenzaron trabajos en la fachada, aunque todavía no está claro cuál será su próximo destino.

Las transformaciones también alcanzan a los comercios más pequeños. Sobre Ciudad de la Paz, entre Lacroze y Olleros, cerró recientemente una carnicería-verdulería con larga presencia en el barrio. El acceso fue clausurado y, por ahora, no hay pistas sobre qué ocupará ese espacio.

En la esquina de Virrey Avilés y Vidal, otro local gastronómico dejó de funcionar. Su fachada, ahora tapiada, tiene un cartel que insinúa lo que vendrá: “Muy pronto soplarán nuevos aromas…”. Una frase que abre la puerta a la expectativa, en medio de tantas persianas bajas.

No todos son finales definitivos. El lavadero Splash, ubicado en Conesa y Olaguer, cerró su histórico local pero continúa funcionando en otra zona: se mudó a Saavedra. En la vidriera dejaron un mensaje para avisarles a los clientes, como una forma de mantener el vínculo más allá del cambio de dirección.

También aparecen intervenciones necesarias para evitar riesgos. En Céspedes, entre Zapiola y Conesa, el tránsito estuvo interrumpido días atrás por la remoción de un árbol —un paraíso— cuyo tronco estaba podrido. Inclinado y con peligro de caída, su extracción era inevitable.

Foto: la llegada del otoño, visible claramente en la cuadra de Zabala entre Martínez y Delgado.