En los últimos años, caminar por Colegiales implica ver una escena que se repite cada vez más: casas bajas que desaparecen y, en su lugar, surgen edificios de varios pisos. Este avance de la construcción genera preocupación entre muchos vecinos, que sienten que el barrio está cambiando rápidamente y que su identidad histórica podría perderse.
En este contexto, la legisladora porteña Bárbara Rossen, del espacio Fuerza por Buenos Aires, presentó en la Legislatura un proyecto de ley llamado “Antiguo Colegiales”. Su iniciativa surge a partir de inquietudes de vecinos y propone establecer normas específicas para preservar una parte del barrio ubicada al sur de la estación Colegiales, entre las avenidas Federico Lacroze, Álvarez Thomas, Elcano y las vías del Ferrocarril Mitre.
Rossen, cuyo mandato empezó en 2025 y se extenderá hasta 2029, es arquitecta y Especialista en Proyecto Urbano por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA. Además, es cofundadora y vocera del Colectivo de Arquitectas en defensa de las tierras públicas. Desde esa mirada, impulsa una propuesta que busca equilibrar el desarrollo urbano con la conservación de la identidad barrial.
El área que se intenta proteger tiene una historia particular. Se originó a fines del siglo XIX, cuando la llegada del ferrocarril impulsó el crecimiento de lo que entonces se conocía como la Chacarita de los Colegiales. Con el tiempo, se consolidó como un sector de casas bajas, PH, calles arboladas y comercios de cercanía, rasgos que todavía hoy lo distinguen de barrios vecinos como Palermo, Belgrano o Villa Ortúzar.
Sin embargo, a diferencia de otras zonas cercanas que ya cuentan con regulaciones específicas —como los distritos urbanísticos creados en distintos momentos— este sector permaneció bajo normas generales. Según plantea el proyecto, esa falta de regulación particular lo deja más expuesto a la presión inmobiliaria y a los cambios acelerados en el tipo de construcciones.
La propuesta de “Antiguo Colegiales” busca justamente corregir esa situación. La idea es crear un distrito urbanístico propio que contemple las características del barrio y establezca diferentes reglas según cada zona. En total, se definen cinco áreas con perfiles distintos.
Por un lado, hay sectores donde ya se observa una mayor presencia de edificios y actividad comercial, donde se permitiría una densidad media. Por otro, se identifican zonas residenciales de baja densidad, donde predominan viviendas tradicionales y se propone reforzar su conservación. También se contemplan las avenidas principales, donde se admite mayor altura y actividad, funcionando como corredores que absorban el crecimiento sin afectar el interior del barrio.
Además, se incluye un tratamiento particular para espacios como el Pasaje Corregidores, conocido por su tranquilidad y escala baja, y para la Plaza Garicoits, un punto verde importante para los vecinos.
Uno de los aspectos destacados del proyecto es que intenta evitar que excepciones del pasado —edificios más altos construidos bajo otras normas— se conviertan en la referencia para futuras construcciones. En otras palabras, busca que esos casos no habiliten una mayor altura general en todo el barrio.
La discusión de fondo gira en torno a un tema que atraviesa a muchos barrios de la Ciudad: cómo crecer sin perder la identidad. En Colegiales, donde el reemplazo de casas familiares por edificios ya es visible en prácticamente todas las manzanas, el debate cobra especial relevancia.
El proyecto “Antiguo Colegiales” ahora deberá ser tratado en la Legislatura porteña. Mientras tanto, entre vecinos, desarrolladores y autoridades, se abre una conversación sobre el futuro del barrio y sobre qué tipo de ciudad se quiere construir en los próximos años.
Foto: Martínez entre Palpa y Céspedes. Junto a la casa de la derecha, hay un edificio construido hace poco tiempo.