Gente de Cole

¡Felicidades Leonor!

El cumpleaños número 90 de una querida vecina de Colegiales.

El 11 de junio, la querida Leonor Ramírez llegó a sus 90 años de vida… El número no deja de causar impacto, más aún, porque más allá de su condición de vecina, la protagonista del cumpleaños ha sabido colaborar con nuestra publicación, aportando escritos de su autoría, que en diferentes momentos engalanaron el espacio de este medio barrial.

Hubo unas cuantas semanas en las que no supimos nada de ella. Sin embargo, hace poco volvimos a tener noticias suyas, cuando a través del correo electrónico y del Whatsapp, fue la propia Leonor quien comunicó ciertas novedades.  Así, llegaron fotos de la significativa celebración. Ella lo definió como “un día maravilloso, rodeada del cariño de mi familia, mis hijas, nietos y bisnietos, con festejos que fueron una sorpresa, por lo calidos y amorosos. El día 14 nuevas alegrías, con mis compañeros del Taller de Memoria, donde los agasajos fueron múltiples. Agradezco a Dios haberme permitido gozar de momentos tan emotivos”.

Una noticia no tan buena, hacía referencia a que días más tarde, un problema de salud la tuvo a maltraer. Sus ganas de dejar atrás  esa dificultad y el anhelo de reintegrarse a sus actividades, es la que sigue motivándola a perseguir una pronta mejoría. Y mientras dura su recuperación, ha vuelto a sugerirnos un texto de su autoría. En este caso, avizorando un día muy especial -que en la Argentina se festeja el 20 de julio- Leonor definió: “AMIGA: Un vocablo que encierra tanto, que es imposible compararlo con alguna medida de tiempo o espacio. Se diagrama en: recuerdos, sentimientos, comprensión y ternura.”

Esta definición se encuentra en “Recuerdos y Sentimientos”, el libro que escribió junto a José Mandarano Silva… Y en la página 93 de la misma obra literaria, bajo el título “Mirta”, puede leerse:

Mi querida amiga:

¡Hacía tanto que no hablábamos! Tu llamada por teléfono me llenó de alegría. Tus comentarios, tus proyectos. Tus recuerdos y los míos.

Han pasado ya dos años desde aquel momento en que, con mucha tristeza, te dije que mi nietito estaba enfermo y tu, con dulzura y comprensión, te uniste a mí dándome esperanzas, fuerzas y fe, haciendo una cadena de plegarias que se extendió a lugares hasta ahora ignorados, pero que elevaban un solo pedido: la salud para él. Y fuiste tú quien, otra vez unida a mí, lloraste y reíste de alegría cuando te dije que había mejorado.

En silencio, atenta y siempre con una sonrisa en los labios. Fuiste primero alumna, luego compañera, y ahora, eres amiga.

Escuchaste mis sueños, esperanzas, expectativas. Me diste compañía cuando sabías que la necesitaba. Así, viajamos juntas y también escuché tus recuerdos. Me dijiste:

-¿Sabés? Hubo momentos en que me sentí abatida y una pequeña plantita de “rayito de sol” fue la que me hizo pensar y me dio fuerzas.

Allá estaba ella en el rincón, arrinconada entre trastos viejos, a la intemperie recibiendo el sol, el viento y, a veces, ¡hasta sin agua! Pero no desfallecía. Luchaba por seguir verde, con vida, y florecer.

Me dije entonces: “Si ella lucha, ¿por qué yo no?” Y así, con su ejemplo logré superarme, salir de mis tinieblas y ver nuevamente el sol.

Tenías razón, son las cosas más simples de la vida las que nos enseñan, nos templan, y también nos dan alegrías renovadas, esperanzas y fe.

Te escribo estas líneas en respuesta  a ésa tu carta que no escribiste, pero que la susurraste en mi oído mientras viajábamos.

Hagamos votos por un futuro mejor.

Te abraza

Leonor

Foto: cortesía Leonor Ramírez.

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