La panadería, confitería y salón de fiestas “Álvaro”, ha sido conocida por varias generaciones de vecinos de Colegiales y otros barrios. Ubicada en Federico Lacroze entre Conesa y Zapiola –en el sentido del tránsito, mano hacia Chacarita- su local era un enorme recinto en el cual se ofrecían exquisiteces probablemente recordadas por mucha gente que pasó por el tradicional comercio en diferentes épocas.
Más allá de la fama del entrañable comercio, la familia Álvaro tiene una historia que merece ser contada. En el libro “Chacarita y Colegiales. Dos barrios porteños” (1994), su autor, el profesor Diego Del Pino (1921-2008), una eminencia que abundante material escribió acerca de Buenos Aires y su historia, brindó detalles pormenorizados acerca de esta familia española y su llegada a la Argentina. A continuación, compartimos el texto de Diego Del Pino, titulado “Los hermanos Alvaro”.
Acceder a la vida y la obra de esta familia asentada en Colegiales desde hace setenta años, es conocer más a fondo la evolución del barrio y su marcha continúa hacia el progreso actual. Asimismo, introducirnos en este tema, será conocer la labor realizada por muchas familias de inmigrantes -españoles como éstos-, que tuvieron fe en la región porteña donde vivieron.
Vayamos inicialmente en busca de nuestros propios recuerdos -circa 1927- donde vivíamos con nuestros padres en la calle Jorge Newbery a metros de Giribone (hoy Av. Córdoba). Una de nuestras tareas diarias consistía en comprar el pan en la antigua panadería llamada «La Popular», en la esquina SO de ese cruce de calles, comercio desaparecido por el proyecto incumplido de una autopista. Allí nos atendía, sonriente y jovial, un españolito no muy alto, rubio, con mucho «acento», quien nos regalaba una esperada «yapa» (bizcochito de grasa o de anís) y acaso una hoja de papel blanco de envolver que usábamos para dibujar.
Se llamaba ese «dependiente», Laurentino Alvaro y había llegado a Buenos Aires desde su Burgos natal.
El joven pasó de «dependiente» a «habilitado» y trabajó en ese comercio de Chacarita hasta 1932. Luego decidió traer a sus hermanos y así arribaron Elías, Miguel, Anselmo, Isaías, Victorino y Esperanza y los hermanos Alvaro se perfeccionaron en el «arte» de la panificación y la confitería, que llegaron a dominar y mejorar.
Pronto adquirieron una panadería en la calle Federico Lacroze al 3000 a la que llamaron “La Flor de Colegiales”. En 1936, el joven español, preocupado por la situación en la península, y cuando estaba por declararse la guerra civil, hizo viajar a sus padres ancianos, don Teófilo y doña María, que también hallaron paz y descanso en nuestro barrio de hace medio siglo. Los hermanos pronto instalaron la luego famosa “Confitería Alvaro” y en 1944 pudieron adquirir un gran predio de trece metros de frente y cien de fondo, ya que llegaba hasta la calle Teodoro García y allí se construyó un importante edificio para cumplir todas las etapas propias de la industria panadera, repostería, confitería y dos salones para fiestas, uno de ellos en el bello “estilo español”, con profusión de azulejos. La casa comercial prosperó -esfuerzo mediante- y se adquirieron nuevas sucursales en Colegiales para venderse como tal en 1988, aunque no la posesión de tierras y edificios. Hoy, don Laurentino Alvaro y los hermanos que viven, siguen afincados en la misma manzana que ayudaron a formar y la antigua Confitería “Alvaro” continúa -muy acertadamente- con tal nombre. Don Laurentino es un hombre de vasta cultura, lector infatigable, miembro de decenas de instituciones de bien público, de la cultura, y religiosas, muchas de ellas relacionadas con su España amada, a la cual ha vuelto repetidas veces. Es reconocido por la colectividad española como un hijo dilecto y sigue haciendo obras de bondad.
El autor hizo referencia luego a que Don Laurentino, en 1944, “nos ayudó generosamente a ser maestro”. Es que Diego Del Pino fue, efectivamente, maestro de escuela primaria. Y culminó sus líneas, indicando que en 1983 “la Federación de Sociedades Españolas de la República Argentina, designó al señor Laurentino Alvaro, “El Español del Año” y el día 4 de diciembre de 1993, Su Majestad el Rey de España, por intermedio de la Embajada Española, lo condecoró con la “Orden al Mérito Civil” y la Cruz correspondiente a tan alta distinción.
Un destino incierto
Allá por la década del 90, el histórico local bajó definitivamente la persiana. Más adelante, el predio, en su planta baja, albergó uno de los tantos supermercados de origen “chino”, que a su vez, también dejó de funcionar muchos años después. Cuando se escriben estas líneas, el lugar continúa cerrado y su futuro es una incógnita.
Foto: Diego Del Pino (serdebuenosayres.blogspot.com).
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