La necesidad de trabajo y la búsqueda de algo de seguridad cotidiana y familiar, ha generado el éxodo desde distintos puntos del país, desde países linderos o no y desde la Provincia de Buenos Aires, en especial, hacia la Capital Federal, aunque se deban recorrer enormes distancias diariamente para concurrir al trabajo. Esto hace también, que se resienta la economía familiar y en esa búsqueda de acortar distancias, se trata de residir en CABA. También por razones de estudios.
Es así, que todos los días vemos demoler viejas casonas, algunas llenas de historia y algunas no tan viejas, para ver erigirse gigantes de concreto con cada vez más “ojos” que brillan en la noche. El “capital económico”, contento. Los recuerdos de muchos barrios, tristes. Pero se genera trabajo, aunque se olviden reglas, ordenanzas, etc. y florezcan los proyectos –en detrimento de espacios verdes y floridos- donde aparece varias veces la palabra “autorizado”… Sin entrar en detalles.
Si nos remitimos a muchos años atrás, casi un siglo… Se edificaban mansiones, primero individuales y luego en propiedad horizontal, donde los recursos financieros eran enormes, entonces no había problemas, lugares de guarda coches a discreción, en algunos casos, donde las unidades son pisos, hasta 2 y 3 lugares por unidad. Esto hacía que los autos tuvieran su propio lugar sin ocupar lugares públicos. El parque automotor era menor.
Desde hace décadas (1970, 1980, si mal no recuerdo), existen Ordenanzas Municipales al efecto; sobre diseño, reglamentaciones y cantidad de lugares guarda coches según la cantidad de unidades a construir, sin hablar de las de mayor tamaño, que quienes las habitan poseen 2 ó 3 autos cada familia. ¿Se cumple con esto en la enorme cantidad de edificios construidos en todos los barrios de CABA? ¡No! Por ejemplo: en un edificio de 40 unidades habitacionales, hacen solo 10 lugares para guarda coches, ¿y el resto? Duermen en la calle y permanecen estacionados de ambos lados, excepto donde hay bicisenda. Con un aumento en el parque automotor, que se intensifica día a día, el problema cada vez se agudiza más, haciendo que tampoco se cumplan las O.M. de estacionamiento.
Tanto en edificios –sin rampas para discapacitados, que no realizan su construcción- como en los lugares reservados para estacionamiento, tampoco se respeta este derecho, haciendo cada vez más difícil su vivencia.
Nuestro querido barrio de Colegiales, no escapa a las generales de la ley.
La topadora crea espacios para más gigantes, con más y más “ojos”, sin pensar en un futuro muy próximo, en el que estallarán los servicios, luz, gas, agua y cloacas.
Sin tener en cuenta la calidad, solo se busca el lucro del capital.
¿No sería hora de parar esto? Hay impuestos para muchas cosas imprescindibles, ¿y para esto no? Hagamos que nuestro barrio sea más populoso, pero sin perjuicios actuales o futuros. Alegrémonos de los avances en las distintas épocas, pero respetemos la historia, las tradiciones y los espacios verdes. Ellos purifican el aire que nos da vida.
María Leonor
Foto: el edificio de Teodoro García y Martínez, cuando lo estaban construyendo, en 2019.
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