En un barrio donde las persianas metálicas se levantan antes de que amanezca y el saludo madrugador es parte del paisaje, los puestos de diarios siguen siendo mucho más que un punto de venta. En Colegiales y sus alrededores, cinco historias personales reflejan cómo estos pequeños comercios forman parte de la identidad y la memoria cotidiana del barrio.
Daniel Alfie, nacido en 1960, llegó a Colegiales desde Flores con un pasado ligado a la industria metalúrgica. Tras dejar ese oficio, en 1993 tomó una decisión que marcaría su vida: adquirió el puesto “Los Muchachos”, ubicado en la esquina de Federico Lacroze y Conde. Desde entonces, su rutina transcurre entre diarios, revistas y el trato cercano con los vecinos. Casi en simultáneo con ese cambio laboral, también se convirtió en habitante del barrio: vive en Conde y Palpa, a pocas cuadras de su parada. Con más de tres décadas detrás del mostrador, fue testigo de transformaciones tecnológicas, crisis económicas y cambios en los hábitos de lectura.
A pocas cuadras, en Federico Lacroze y Crámer, Lucas Blanco —nacido en 1974— continúa una tradición que forma parte de la historia reciente del barrio. Tras una infancia en Olivos y una adolescencia en la zona de Dorrego y Conesa, donde aún reside, en 2019 asumió como propietario del puesto que durante años estuvo en manos de Pascual “Cacho” Romeo. Para muchos vecinos, el traspaso marcó el fin de una etapa y el comienzo de otra. Blanco recogió esa herencia simbólica y la proyectó hacia el presente, sumando nuevos productos y adaptándose a los cambios, pero conservando el espíritu de cercanía que caracteriza a estos espacios.
La historia de Alfredo Domínguez, nacido en 1973, está atravesada por la continuidad familiar. Su infancia transcurrió en Villa Ortúzar, luego vivió en Chacarita y hoy volvió a Ortúzar. El puesto de Federico Lacroze y Martínez forma parte de su vida desde siempre: en 1980 lo compró su padre, también llamado Alfredo. Fredy —como lo conocen— comenzó a ayudar desde muy chico, aprendiendo el oficio entre pilas de diarios y revistas. Cuando la pandemia obligó a su padre a retirarse, él tomó definitivamente el mando. La transición no fue sencilla, pero asumió el desafío con la convicción de mantener un legado que ya supera las cuatro décadas.
Luis Pérez, nacido en 1959 en Reconquista, Santa Fe, llegó a Buenos Aires en 1978. Tras residir en Belgrano, hoy vive en San Martín, pero su jornada laboral lo trae cada día a una zona limítrofe entre Belgrano: desde 2005 colabora en el puesto de Javier Fernández, situado sobre Elcano entre Crámer y Vidal. Aunque la jurisdicción es belgranense, la cercanía con Colegiales hace que, posiblemente, buena parte de su clientela pertenezca a este barrio.
La trayectoria de Domingo Testa, nacido en 1945 en Avellino, Italia, suma un componente inmigrante a esta postal barrial. Llegó a la Argentina a los 9 años y vivió en Berazategui antes de afincarse definitivamente en Colegiales, donde reside desde hace más de tres décadas. En 1976 compró el puesto de Cabildo y Zapata, mano a Cabildo, y allí continúa trabajando. “Mingo”, como lo llaman vecinos y colegas, comparte hoy la tarea con su hija Valeria, en una dinámica que mezcla tradición y renovación.
En tiempos de consumo digital y pantallas que han ido postergando a la tradicional lectora en papel, los puestos de diarios enfrentan desafíos inéditos. Sin embargo, en Colegiales y sus alrededores, estas cinco historias demuestran que el valor del encuentro cotidiano, la memoria compartida y el compromiso con el barrio siguen siendo pilares difíciles de reemplazar.
Foto: Alfredo “Fredy” Domínguez.