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Escenas de la vida colegialense

Caminar por Colegiales me trae esa mezcla de calma y nostalgia. Será porque nací acá, porque cada esquina cuenta una historia, o porque a pesar de los cambios, el barrio todavía conserva algo de su alma original. Cada tanto salgo a recorrerlo sin rumbo fijo, solo para ver qué hay de nuevo y qué sigue en pie. En estos días, vi varias cosas que me llamaron la atención.

Elcano y el pasaje Corregidores, una antigua casona resiste entre edificios modernos y locales de distintos rubros. Su fachada parece hablar de otros tiempos, cuando las calles eran más tranquilas y el ruido del tránsito todavía no dominaba la escena.

En Crámer entre Aguilar y Palpa, el histórico corralón Dinor bajó definitivamente la persiana. Fundado en 1967, fue testigo de buena parte del crecimiento del barrio. En esa misma calle, a pocos metros de Santos Dumont, todavía sobrevive la estructura oxidada de un viejo Mehari, una reliquia urbana que muchos vecinos identifican como un pequeño símbolo local. Y justo en la esquina de Crámer y Santos Dumont, un cartel recuerda que el terreno pertenece al Estado Nacional: detalle curioso, porque a esa altura la vereda de enfrente ya corresponde oficialmente a Palermo.

Concepción Arenal y Freire: el predio del ex “El Dorrego” cambió radicalmente. Hoy avanza allí un gran desarrollo inmobiliario, y dentro de la misma manzana se proyecta también una nueva plaza. Un poco más arriba, en Freire entre Lacroze y Teodoro García, el complejo deportivo La Sede abrió una ventana a la calle: desde allí despachan café de especialidad y otras cosas ricas para los que pasan.

Por Lacroze y Freire también hay movimiento. En la planta baja de un edificio flamante abrió una sucursal de Tienda de Café, justo en el mismo predio donde años atrás ya había funcionado otra cafetería.

A unas cuadras, en Delgado entre Lacroze y Teodoro García, la calle fue reabierta al tránsito luego de semanas de obras para mejorar el adoquinado. Y en Álvarez Thomas, entre Lacroze y Olleros, cerró la peluquería “Fer”, un clásico que atendió durante muchos años. El local ya tiene cartel de venta. A pocas cuadras, sobre Palpa entre Álvarez Thomas y Giribone (Chacarita), fue demolido un antiguo garaje: allí también se levantará otro edificio, como en tantos rincones de la zona.

Céspedes entre Conde y Martínez: dos bancos de cemento invitan al descanso. Son punto de encuentro improvisado para quienes esperan turno en la veterinaria de la cuadra o simplemente hacen una pausa bajo la sombra. Escenas pequeñas, pero que mantienen viva la vida de barrio.

La caminata sigue por Elcano entre Álvarez Thomas y Delgado, donde abrió una tienda de accesorios para celulares. Más hacia el norte, en Virrey Avilés entre Superí y Martínez, cerró una hamburguesería que llevaba algunos años en el barrio: el local ya está en obra, esperando su próximo capítulo. Algo similar ocurrió en Federico Lacroze y Amenábar, donde una antigua ferretería de la esquina bajó la persiana; el cartel de “vendido” despierta la curiosidad de los vecinos: ¿se vendrá otra torre?

Por Cabildo, entre Olleros y Lacroze, también se despidió una histórica casa de deportes. Según anuncia la inmobiliaria, el local ya está alquilado y en plena refacción. En este caso, no habría edificio sino otro emprendimiento comercial.

Más cerca del borde norte del barrio, en Vidal y Virrey Olaguer y Feliú, la reciente torre del Parque Ferroviario sumó locales en su planta baja. Uno de ellos ya abrió sus puertas: una panadería-confitería que se suma al paisaje cotidiano. Al llegar a Jorge Newbery y Ciudad de la Paz, límite con Palermo, un lavadero demolido anuncia otro futuro edificio.

Foto: Cabildo entre Olleros y Lacroze. Cerró una antigua casa de deportes.

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