Hoy vi tu sonrisa
Hoy vi tu sonrisa junto a tu hijo, era plácida, amorosa, de felicidad plena, de ternura como la mía cuando crié al mío. Tu, con tu cabello largo y tu retoño en tus brazos, amarrándolo junto a tu cuerpo.
Hoy comenzó el invierno y en el aire se respira el olor a menta y el perfume de los aromos que invita a la dicha de vivir, de compartir un brindis y de escuchar buena música.
Día de sol, calor das a mi alma, estoy sola pero acompañada de mis recuerdos y de mis amigos de toda la vida, así me siento viva, con paz interior, a pesar del encono florezco a la mañana y me deshojo a la noche.
Ruth, cómo te quiero, cómo te quise. Tú, con tu pelo sedoso, tus torneadas piernas blancas, tus ojos negros, tu cálida voz que me consolaba, fuiste mi madre y la de mi hijo. Me escuchabas todas las mañanas con tus buenos días en tu particular castellano. Me ayuda mucho recordarte ahora que te tengo en mi corazón y no te veo.
Vi tus lámparas, eran de papel rojo con flecos y cuadrangulares colgando del techo en esa confitería china. Las mozas eran serviciales y en las paredes había tapices rojos y un cuadro con gráficos orientales.
Marga, te veo clara ahora, tú con tus cuarenta años y yo con los míos compartíamos nuestras vidas en el viejo bar de Córdoba y Pueyrredón. Eras médica y estudiabas psiquiatría con enorme tesón. Tú, con tu cutis blanco, tu cabello negro y los lentes que ocultaban tus bellos ojos pardos, fuiste una amiga genial, el destino nos unió y nos separó.
Raquel Seltzer
Foto: Zapiola entre Céspedes y Palpa.
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