Barrio Mío

La estación Colegiales, testigo de la historia barrial

Inaugurada oficialmente el 17 de abril de 1898, la estación Colegiales constituye un verdadero símbolo del barrio que lleva su nombre. Su nacimiento se dio en un contexto de expansión urbana y desarrollo acelerado que caracterizó a la ciudad de Buenos Aires desde mediados del siglo XIX. Esta parada ferroviaria, inicialmente parte del trazado del Ferrocarril del Norte (más tarde denominado Ferrocarril Central Argentino y, finalmente, Ferrocarril General Bartolomé Mitre), encarna el auge que vivieron los transportes sobre rieles —trenes y tranvías— durante aquella época de gran crecimiento demográfico y económico.

En aquellos años, Colegiales era apenas una zona semirrural, habitada por pocas familias y salpicada de vastos terrenos baldíos. Persistía aún el recuerdo de los alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires que veraneaban en las chacras de la zona, atravesando el entonces denominado “Camino de los Colegiales” (hoy avenida Federico Lacroze) desde Belgrano hasta la zona que con el tiempo sería conocida como Chacarita. Apenas faltaban 20 meses y unos pocos días para que comenzara el siglo XX, cuando los primeros pobladores del barrio presenciaron la inauguración de un punto neurálgico que, con los años, se transformaría en parte esencial de la identidad local.

Paso a paso

Según investigaciones realizadas por la Junta de Estudios Históricos de los Barrios de Chacarita y Colegiales, los antecedentes de esta estación se remontan al proyecto emprendido por la compañía “Ferrocarril a Campana”, la cual obtuvo la autorización para diseñar, construir y administrar una línea férrea que uniera la Estación Central-Recoleta con la localidad de Campana. El trazado contemplaba el paso por las alturas del pueblo de Belgrano, por localidades como San Martín, y por zonas inundables y fangosas hasta llegar al puerto de Campana.

Las obras comenzaron en 1872 desde ambos extremos —Buenos Aires y Campana—, y las cuadrillas de obreros se encontraron finalmente en las proximidades de Villa Ballester el 12 de enero de 1876, donde se realizó el empalme definitivo de los rieles.

Durante el proceso de construcción, los trabajadores se valieron de una playa de maniobras ubicada en el espacio comprendido por las actuales calles Federico Lacroze, Virrey Avilés, Crámer y Moldes. Allí funcionaba un apeadero rudimentario conocido como «Colegiales», ubicado sobre lo que hoy es la calle Crámer. Este modesto andén fue escenario del viaje inaugural del tren, el 13 de enero de 1876, con autoridades gubernamentales y presidentes de compañías ferroviarias a bordo.

A partir del 22 de abril de ese mismo año, comenzaron a circular —de manera provisoria— dos trenes diarios en cada sentido entre Buenos Aires y Campana, con un tiempo estimado de viaje de casi tres horas. En 1908, el Estado Nacional llevó adelante la expropiación de terrenos situados al noreste de la vía existente para facilitar la construcción de un segundo tendido férreo. La empresa atravesó, a lo largo de su historia, tres etapas de denominación: Ferrocarril Buenos Aires a Rosario, Ferrocarril Central Argentino y, más adelante, Ferrocarril General Mitre.

Aunque el apeadero Colegiales ya se encontraba en funcionamiento desde hacía años, fue recién el 17 de abril de 1898 cuando el Ferrocarril Central Argentino inauguró formalmente la estación, edificándola sobre el mismo terreno donde había estado el primitivo andén.

Tiempos modernos

Con el paso del tiempo, la estación sufrió modificaciones que alteraron su aspecto original. En 2015, como parte de un plan de renovación impulsado por el gobierno nacional, fue trasladada temporalmente hacia el otro lado de la avenida Federico Lacroze, entre esta arteria y la calle Olleros. Este proyecto de modernización incluyó también obras en otras estaciones de la línea Mitre, como Belgrano R, Coghlan y Saavedra.

Poco más de un año después, las instalaciones ferroviarias regresaron a su emplazamiento tradicional: Crámer, entre Lacroze y Palpa. Sin embargo, el retorno no fue sin cambios: en el andén correspondiente al ramal Mitre-Suárez, se eliminaron definitivamente elementos que habían conservado su impronta colonial por más de cien años. Por el contrario, el sector que se dirige a Retiro aún conserva una porción de su arquitectura original, con techos a dos aguas y una pequeña sala de espera que rememora el diseño decimonónico.

Gracias a la persistencia y el activismo de los vecinos —apoyados por la difusión en redes sociales y medios digitales—, se logró finalmente la apertura del acceso sobre la calle Palpa. Esta entrada fue construida en 2015 pero permanecía clausurada hasta que, tras numerosas quejas y reclamos, fue habilitada, mejorando la circulación y la accesibilidad del público.

Foto: la estación, en 1916.

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