Actualidad

Escenas de la vida colegialense

Caminar por Colegiales me trae esa mezcla de calma y nostalgia. Será porque nací acá, porque cada esquina cuenta una historia, o porque a pesar de los cambios, el barrio todavía conserva algo de su alma original. Cada tanto salgo a recorrerlo sin rumbo fijo, solo para ver qué hay de nuevo y qué sigue en pie. En estos días, vi varias cosas que me llamaron la atención.

Una de las novedades está en el entorno de la estación Colegiales, donde desde hace varios días se llevan adelante obras junto a las vías y a lo largo del terreno ferroviario, en un tramo que se extiende casi hasta Virrey Avilés. Por ahora, no se informó oficialmente a qué corresponden los trabajos, por lo que habrá que esperar para conocer su finalidad.

No muy lejos de allí, el movimiento de las obras también se hace notar en las inmediaciones del Mercado de las Pulgas. En la esquina de Martínez y Concepción Arenal se puede observar el avance de los trabajos en la plaza que se está construyendo en ese sector. Las tareas abarcan un área más extensa: por Concepción Arenal, llegan hasta Conde, mientras que por Martínez se prolongan hasta Dorrego. Una transformación que habrá que seguir de cerca para ver cómo queda finalmente ese espacio del barrio.

Las obras también alcanzaron una cuadra de Conde, entre Santos Dumont y Concepción Arenal, que fue cerrada al tránsito. A un lado se encuentra la plaza Mafalda; del otro, la escuela Scalabrini Ortiz y el Polideportivo Colegiales. Una postal cotidiana que, por estos días, cambió por la presencia de los trabajos y las restricciones para circular.

Pero no todo lo que llamó mi atención tiene que ver con construcciones o calles cerradas. En Moldes y Palpa, uno de los primeros edificios que comenzaron a levantarse en el Parque Ferroviario está muy cerca de quedar terminado. Al pasar por allí, resulta evidente el avance de una obra que ya forma parte del paisaje de esta zona de Colegiales.

También hay novedades comerciales que merecen una mención. En Virrey Avilés y Martínez acaba de abrir una heladería, en el local de la esquina que había permanecido cerrado durante un tiempo prolongado, luego del cierre de una parrilla.

Y entre una obra y otra, una apertura comercial y los cambios que se van incorporando al paisaje urbano, aparecen esas pequeñas escenas que hacen que el barrio siga siendo el barrio. Sobre un balcón de un edificio de la calle Olleros cuelga la bandera de Brasil. Tres pisos más arriba, la de la Argentina. Una imagen sencilla, casi inadvertida para quien camina apurado, pero que invita a detenerse un instante.

Foto: una bandera de Brasil en un balcón de la calle Olleros; más arriba, la de Argentina.