Barrio Mío

Entre el derrumbe y el recuerdo: qué pasó con La Tornería y su creadora

La reciente demolición de la tradicional esquina de Freire y Zabala volvió a poner en primer plano las transformaciones urbanas que atraviesa Colegiales. A metros de este cruce, donde durante años convivieron comercios emblemáticos del barrio, funcionó el restaurante La Tornería, un proyecto gastronómico que dejó su huella. En este contexto, la historia del lugar y de su creadora adquiere un valor particular. La siguiente nota reconstruye ese recorrido: por un lado, el presente del predio tras su derribo; por otro, el testimonio de su fundadora, recogido en un reportaje realizado en 2022, que permite comprender las decisiones detrás del cierre del restaurante.

Hace apenas unas semanas, las máquinas avanzaron sobre la esquina y borraron del mapa una postal cotidiana para muchos habitantes de la zona. Allí se levantaban varios locales comerciales, entre ellos la pizzería La Fachada, que supo ocupar el vértice del cruce y que, ante la necesidad de desalojar, reubicó su actividad a escasa distancia, sobre la calle Palpa entre Freire y Zapiola. En ese mismo conjunto también había funcionado La Tornería, aunque ya llevaba un tiempo sin actividad.

El destino del terreno no difiere del de otros tantos puntos del barrio: en su lugar se proyecta la construcción de un edificio. Así, la fisonomía de Colegiales continúa modificándose, en un proceso que combina renovación edilicia con la desaparición de espacios que supieron construir identidad.

La Tornería había nacido en 2017 de la mano de Camila Pérez, luego de que la cocinera ganara la segunda temporada del programa televisivo Dueños de la Cocina, emitido por TELEFE. El premio, que incluía la posibilidad de acceder a un local propio, fue el puntapié inicial para concretar su emprendimiento gastronómico. Durante varios años, el restaurante logró posicionarse como una propuesta distintiva dentro del circuito culinario barrial.

Sin embargo, el proyecto se vio profundamente afectado por el impacto de la pandemia. Según relató la propia Pérez en un reportaje concedido al sitio lugaresysabores.com en agosto de 2022, la experiencia al frente del restaurante “fue genial hasta la pandemia”, pero luego se volvió cada vez más exigente. “Fue mucha la presión, hasta dejé de sentir que me gustaba tener un restaurante, fue un momento de mucho bajón en el que no sabía qué hacer”, explicó.

En ese contexto adverso, la cocinera buscó alternativas para sostener el vínculo con sus clientes. “Saliendo de la pandemia se me ocurrieron ideas para llevarle comida a la gente a su casa. Abrimos como un club de socios del restaurante y por mes tenía 20 o 30 platos. Eso estuvo muy bueno porque nos volvimos a acercar a la gente”, recordó, destacando ese intento de reconversión como una experiencia positiva en medio de la crisis.

Aun así, el desgaste acumulado terminó pesando más. Camila describió el ritmo de trabajo como extenuante, con jornadas que se extendían desde la mañana hasta la madrugada. “En ese momento estaba en La Tornería de las 10 de la mañana hasta las 2 de la mañana. A ver, a mí me encanta esto, pero me di cuenta que me estaba consumiendo”, señaló. Esa toma de conciencia derivó en una decisión difícil: vender el restaurante y replantear su rumbo profesional.

“Fue un montón para hacerlo sola. A lo mejor si hubiese tenido una socia o un socio, alguien que me apoyara en la misma línea, yo creo que hubiésemos podido intentarlo y seguir un poco más”, reflexionó. Finalmente, optó por priorizar su bienestar personal y su vida fuera del trabajo: “Pensé en mí, en mi pareja, en mi vida, y le di la vuelta de tuerca a la situación”.

Tras ese cierre, la chef redefinió su actividad y encontró un nuevo equilibrio en formatos más personalizados. “Vas surfeando la ola y está buenísimo porque cocino yo, disfruto lo que hago, no hay margen de error”, explicó, en referencia a su actual modalidad de trabajo, centrada en experiencias gastronómicas a medida. Hoy, tal como lo indica su cuenta de IG @ camiperezchef, se desempeña como asesora culinaria privada, ofreciendo cenas eventos exclusivos, en una propuesta que prioriza el contacto directo con el cliente y el control integral de cada plato.

Mientras tanto, la esquina de Freire y Zabala inicia una nueva etapa, ajena a aquellos emprendimientos que alguna vez le dieron vida.

Foto: detrás del cartel publicitario, alcanza a verse una parte del frente de La Tornería.