Gente de Cole

Colegiales y sus personajes

Hoy: Enrique Rodríguez.

En febrero de 2020 se conocía la noticia del fallecimiento de Enrique Rodríguez. Tenía 97 o quizás 98 años, ya que había nacido en 1922, aunque nunca se supo con certeza la fecha exacta. Ese dato, así como su lugar de nacimiento —la provincia de Santa Cruz—, lo había proporcionado él mismo durante una entrevista que le realizamos en la pizzería San Antonio. Enrique solía visitar con frecuencia el local ubicado en Federico Lacroze y Conde; también era un habitué de numerosos bares y restaurantes del barrio. Aunque sus recorridos no se limitaban a Colegiales: su presencia era habitual en diferentes rincones de la ciudad, a los cuales llegaba a pie, luego de caminar durante horas y horas.

En La Mezzetta, la pizzería emblemática de Álvarez Thomas y Forest, Enrique mantenía un vínculo afectuoso con los comensales y el personal. A menudo colaboraba en el salón levantando la vajilla que los clientes dejaban luego de comer. Durante aquella charla en San Antonio, contó que había llegado a Buenos Aires desde el sur de la Argentina, a una edad temprana. A sus 22 años, lo enviaron desde Santa Cruz luego del fallecimiento de un tío que vivía en la zona de Virrey Loreto y Superí. Tiempo después, se radicó en esa vivienda junto a toda su familia. Era la misma casa donde continuó residiendo hasta el final de sus días.

A pesar de su avanzada edad, caminaba largas distancias. Él mismo atribuía su vitalidad a esa rutina diaria, aunque también reconocía que los factores genéticos jugaban un papel importante. Relató que una tía suya, con quien compartió la vivienda de Loreto y Superí, vivió hasta los 112 años. Ella, según dijo, falleció en 1990. Enrique tenía una memoria extraordinaria: recordaba fechas y hechos con precisión, no solo de su vida personal, sino también de la historia nacional e internacional.

Cuando se produjo su fallecimiento, en el Bar Conde, otro de sus puntos de encuentro habituales, situado en la esquina de Conde y Federico Lacroze, la noticia también se instaló entre los clientes. José Luis, histórico dueño del espacio, y muchos parroquianos, a pocas horas de conocerse su partida, reconocían en Enrique a una figura entrañable.

Pero La Mezzetta fue, a lo mejor, uno de los lugares donde su ausencia se sintió con más fuerza. En el recinto de Álvarez Thomas pasaba buena parte de su tiempo, especialmente cuando su estado físico comenzó a debilitarse. Más allá del comentario entre vecinos, el local difundió un mensaje por redes sociales con su foto —sosteniendo el premio a la “mejor pizzería de la Ciudad 2018”— acompañado de dos frases que resumían el afecto que despertaba: “Enrique, siempre estarás en nuestro corazón” y “Gracias por tu incondicionalidad”. En la cuenta de Facebook del lugar, más de quinientas reacciones y decenas de comentarios de personas que lo conocieron reflejaron el impacto que tuvo su fallecimiento.

Pasito tras pasito, tenaz y persistentemente, Enrique unía enormes distancias. Sin embargo, con el paso del tiempo, sus caminatas se fueron volviendo menos frecuentes. Hasta que un día, simplemente, dejaron de verse. Don Enrique ya no recorre las calles de Buenos Aires, pero su quizás presencia siga viva en la memoria de más de un vecino, como parte esencial del alma del barrio.

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