El 10 de septiembre de 1911 nacía en Guaminí, provincia de Buenos Aires, Nilda Elvira Vattuone, quien décadas más tarde sería reconocida en todo el país como Nelly Omar. Este mes se cumplen 115 años de aquel nacimiento y la fecha permite recordar también una parte menos conocida de su historia: sus primeros pasos artísticos tuvieron como escenario a Colegiales.
En 1930, cuando tenía 19 años, Nilda vivía en la calle Conde y todavía imaginaba para su futuro una profesión muy diferente. Su deseo era convertirse en aviadora. Sin embargo –relató Roberto Banchs en su libro “Club Atlético Colegiales – Por la Historia”-, uno de sus hermanos, Domingo, logró convencerla para que participara de un festival organizado por el club con el propósito de recaudar fondos.
El encuentro se realizó en el Cine Argos, el tradicional salón ubicado en Federico Lacroze y Álvarez Thomas. Aquella noche, la joven vecina subió al escenario y cantó Anclao en París. La presentación tuvo una repercusión que probablemente ella misma no esperaba: el administrador del cine le ofreció contratarla durante tres noches.
Ese episodio marcó un giro decisivo. Poco después llegó Radio Rivadavia y, casi al mismo tiempo, comenzó a participar en Radio Splendid y Radio Mayo. El barrio que había conocido a aquella muchacha que soñaba con volar quedó así ligado al comienzo de una extensa trayectoria artística.
Una vocación que venía de familia
Según relató el investigador Néstor Pinsón en todotango.com, su acercamiento a la música estaba relacionado con su familia. Su padre, Marcos Vattuone, trabajaba como capataz en la estancia La Atrevida, en las cercanías de Guaminí, y era guitarrero. Nelly contó además que conocía a Carlos Gardel y que, durante una visita del cantor a Guaminí en 1918 junto con José Razzano, participó de la organización de aquella presentación. La mudanza a Buenos Aires le permitió avanzar rápidamente. En 1924 realizó una prueba para incorporarse al conjunto nativista Cenizas del Fogón y fue aceptada. Además de cantar, tuvo pequeñas participaciones como actriz. A comienzos de la década siguiente compartió actuaciones radiales con su hermana Nélida, interpretando canciones camperas, milongas y estilos. Con el tiempo adoptó definitivamente el nombre artístico de Nelly Omar y se convirtió en una de las voces reconocidas del tango y el folclore. En 1937, una consulta organizada por la revista Caras y Caretas la ubicó entre las principales cancionistas de la época.
Carrera extensa
Durante los años siguientes actuó en importantes emisoras, compartió espacios con figuras como Libertad Lamarque y Agustín Magaldi y trabajó con autores de la talla de Enrique Cadícamo y Homero Manzi. Su vínculo con el poeta se extendió también al terreno sentimental. En 1946, después de varios años de éxito sobre los escenarios y en la radio, llegó finalmente al disco a través del sello Odeón, con la intervención de Francisco Canaro. Registró diez canciones entre ese año y 1947, entre ellas Desde el alma y Nobleza de arrabal. También pasó por el cine. Participó en Canto de amor, estrenada en 1940, y en Melodías de América, de 1942, donde interpretó El aguacero.
Una voz que atravesó generaciones
La trayectoria de Omar –agregó Pinsón- sufrió una interrupción después del golpe de Estado de 1955. Por su participación en actos del gobierno peronista y su cercanía con Juan Domingo Perón y Eva Duarte, quedó sin posibilidades de trabajar en el país y pasó temporadas en Uruguay y Venezuela. Su regreso artístico fue gradual. Volvió a grabar hacia fines de los años 70 y comienzos de los 80, acompañada por músicos como Roberto Grela y José Canet. Incluso en diciembre de 1997, a los 86 años, registró un nuevo compacto junto a las guitarras de Bartolomé Palermo y Paco Peñalba.
Nelly Omar murió en Buenos Aires el 20 de diciembre de 2013, a los 102 años. Había nacido en Guaminí y alcanzó reconocimiento nacional, pero en la historia de sus comienzos también hay una referencia profundamente vinculada con Colegiales: una joven de la calle Conde que aceptó cantar casi por insistencia de su hermano y que encontró en el Cine Argos, en Federico Lacroze y Álvarez Thomas, la primera puerta de una carrera que se prolongaría durante más de ocho décadas.