Barrio Mío

Tres clásicos en fila, inesperada postal sobre la calle Crámer

Una caminata reciente por la calle Crámer, en el corazón de Colegiales, ofreció una postal inusual para estos tiempos: la presencia, casi en secuencia, de tres autos antiguos que resisten el paso de los años en un entorno urbano cada vez más dominado por modelos modernos. No se trató de una exposición organizada ni de un evento especial, sino de una extraña coincidencia, que invitó a detenerse y observar.

A la altura de Crámer y Maure, un Volkswagen Fusca de 1981 llamaba la atención. La clásica silueta redondeada, reconocible a simple vista, se presentaba en este caso con una carrocería verde algo castigada por el uso y el tiempo. Los carteles adheridos a sus vidrios indicaban que estaba en venta, lo que permitía suponer que aún se encontraba en condiciones de funcionamiento. El Fusca —nombre con el que se lo conoce en varios países de América Latina, aunque en Argentina es más habitual llamarlo “Escarabajo”— fue uno de los autos más emblemáticos del siglo XX. Diseñado originalmente en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, se destacó por su mecánica simple, su motor trasero refrigerado por aire y una durabilidad que lo convirtió en un vehículo popular en todo el mundo. La unidad observada en Colegiales, pese a su desgaste exterior, parecía conservar esa esencia de robustez.

A pocos metros de allí, sobre la misma cuadra pero en la vereda opuesta, y casi frente a la Biblioteca de la Fundación Biró, otro modelo histórico completaba la escena: un Renault 12 de color blanco. Este vehículo, ampliamente difundido en la Argentina desde fines de la década de 1960 y durante los años 70 y 80, fue durante mucho tiempo sinónimo de confiabilidad y economía. Fabricado en el país por Industrias Kaiser Argentina (IKA) y luego por Renault, el R12 supo adaptarse al uso familiar y laboral. Su motor delantero, tracción delantera y amplio baúl lo convirtieron en una opción versátil. Durante décadas fue un auto de enorme presencia en calles y rutas, pero hoy su aparición es cada vez más esporádica. Ver uno en buen estado – la conservación del que encontraba sobre Crámer era incierta-, remite de inmediato a una época en la que formaba parte del paisaje cotidiano.

La tercera aparición, a unas cuatro cuadras de distancia, entre Lacroze y Teodoro García, sumó un elemento aún más singular. En el interior de un garaje, muy visible desde la vereda, un Renault Dauphine se dejaba ver cerca de la entrada. A diferencia de los otros dos, este ejemplar destacaba por el impecable estado de su carrocería blanca, que contrastaba con su antigüedad. El Dauphine fue producido en Francia a partir de mediados de los años 50 y también tuvo fabricación local. Con motor trasero y dimensiones compactas, representó una evolución respecto del Renault 4CV. En Argentina tuvo una presencia importante en su momento, aunque con el correr de las décadas se transformó en una rareza. Su diseño, con líneas suaves y detalles característicos de la época, hoy despierta interés en coleccionistas como en aficionados. El coche del garaje, casi con seguridad, debió pertenecer a uno de ellos.

La coincidencia de estos tres vehículos en un mismo tramo de Crámer resulta llamativa por su proximidad y por lo que representan. Cada uno, a su manera, es testimonio de distintas etapas de la industria automotriz y de la vida urbana. En un barrio como Colegiales, donde conviven edificaciones antiguas con nuevos desarrollos inmobiliarios, estos autos parecen dialogar con el entorno. Más allá de su estado o de su eventual destino —como el Fusca en venta—, la presencia de estos modelos invita a una pausa. En medio del tránsito acelerado y la renovación constante, todavía hay lugar para estas pequeñas escenas que conectan pasado y presente en una misma vereda.

Foto: el R12 divisado en inmediaciones de Crámer y Maure.