Deportes

Juan Bautista Chumba, un «ocho» ordenado y de buena técnica

Nació el 21 de octubre de 1967. Surgido de las divisiones inferiores, en la temporada 1986/87 tuvo su debut, que sería también su despedida oficial con la casaca de la banda. River terminó en el décimo puesto, con 39 puntos en 38 partidos jugados. El conjunto dirigido por Héctor Veira, alistó una formación alternativa ese 17 de octubre de 1986 (fecha 15) debido a que los titulares estaban abocados a la Libertadores, que obtendrían el 29 de octubre al superar a América de Cali 1 a 0 (gol de Juan Funes) en el Monumental. Chumba fue suplente e ingresó por el uruguayo Saralegui.

El equipo se midió ante Racing de Córdoba y cayó 1 a 0 ante el local, que anotó por intermedio de Jacinto Roldán a los 39’ del primer tiempo. Representaron a River esa tarde: Goycochea; Rubén Gómez, Perrone, Vittor y Míguez; Saralegui (Chumba), Zapata y Gorosito; Caniggia, Morresi y Rubens Navarro (Sallaberry).

CHUMBA DIXIT:

“Empecé en River a los 16 años. Nunca había jugado en ningún club de AFA. Pero cuando tenía esa edad vino Adolfo Pedernera al club Savio 80. Era un club de mi barrio, Villa Lugano, que luego cambió de nombre. Ahora se llama Jóvenes Deportistas y está junto a las torres del complejo General Savio, más conocido como Lugano I y II. Don Adolfo trabajaba en las inferiores de River y estuvo en Savio 80 para probar chicos. Yo me probé, quedé y empecé en la sexta división, en 1984. Ese mismo año salimos campeones de la categoría. Tenía de compañeros a Caniggia, Gustavo Zapata, Adrián Pasceri, Sergio Míguez… Era la 67, dirigida por Martín Pando y con el profesor Sicilia como preparador físico. Arranqué de suplente y terminé jugando casi todo el campeonato. Metí como ocho o diez goles, jugando de volante por derecha, que sería mi posición a lo largo de toda mi carrera. Era un mediocampista aplicado, ordenado, de buena técnica… En la primera división estaba el uruguayo Luis Cubilla como técnico.

Al año siguiente firmó el Bambino Veira, el entrenador que me puso en primera. Antes de mi debut formé parte del equipo de Proyección 86. Sobre aquel torneo juvenil recuerdo haber ingresado en el segundo tiempo de un partido con Deportivo Español. Nos dirigía Fernando Areán. El Nano era ayudante de campo de Veira y estaba a cargo de la tercera división…

Yo estudiaba en una escuela industrial en Nueva Pompeya… El “Plumerillo”. En tercer año dejé… Por un tiempo también trabajé en un reparto de vinos. Me levantaba a las cinco de la mañana y me iba hasta La Paternal, cerca de donde estaba el Albergue Warnes, aquel que unos años después fue demolido. Ahí había unas bodegas donde se cargaban los camiones que hacían el reparto por los comercios de Buenos Aires. Con varios pibes del barrio hacíamos ese laburo de repartidor. Cuando terminaba mi horario, pasado el mediodía, me tomaba el colectivo desde La Paternal hasta River, porque entrenábamos a la tarde. Pero llegó un momento en que tuve que dejar también el reparto y dedicarme cien por ciento al fútbol. A partir de ese momento seguí viajando en colectivo hasta el Monumental, con la diferencia de que me tomaba el 28 que iba por la Avenida General Paz. En una época este trayecto lo hice con Héctor Enrique, que venía en auto desde el sur del Gran Buenos Aires y me levantaba por el Autódromo, cerca de Puente La Noria. El Negro tenía una cupé Fuego de color rojo impresionante, muy de moda en la década del Ochenta.

En River fui haciendo el camino de las inferiores… Y tenía edad de cuarta cuando debuté. Nosotros éramos los sparrings de ese equipo que ganó todo en 1986: Campeonato, Libertadores, Intercontinental. La primera solía formar con Pumpido; Gordillo, el uruguayo Gutiérrez, Ruggeri y Montenegro; Enrique, Gallego y Alonso; Amuchástegui, Francescoli y Alfaro. Francescoli integró el equipo del torneo local y después del Mundial de México se fue a Francia. A Amuchástegui también lo transfirieron y lo reemplazó Alzamendi. Además se agregaron Funes y Caniggia. Era un equipazo. Y mientras luchaban en la Copa Libertadores, el torneo local lo afrontaban otros jugadores, una combinación de profesionales con juveniles adonde fui convocado yo… Unos días antes de mi debut fui al banco pero no entré. Fue en un partido contra Newell’s, en Rosario. Perdimos 1 a 0. En River, el árbitro Juan Carlos Crespi expulsó a Patricio Hernández y a Míguez. Y de ellos, a Dalcio Giovagnoli, que había convertido de cabeza el único gol. Eso pasó el 5 de octubre de 1986. A la fecha siguiente volvieron los titulares y empataron 0 a 0 con Estudiantes, en condición de local. Hasta que el 17 de octubre me tocó… Me faltaban cuatro días para cumplir 19 años. Eran casi los mismos once que habían enfrentado a Newell’s los que entraron a la cancha. El partido fue de noche, contra Racing de Córdoba, en su cancha del barrio Nueva Italia. Cerca del final del primer tiempo ellos se pusieron arriba con gol de Roldán y el resultado ya no se movió. Como a los 15’ del segundo tiempo el Bambino nos llamó a Pedro Sallaberry –dos años menor que yo- y a mí. Entramos por Rubens Navarro y Mario Saralegui… Casualmente, los dos uruguayos. Yo tenía los nervios lógicos del debut, del juego en sí la verdad que mucho no me acuerdo. El Bambino Veira creo que simplemente me dijo que hiciera lo que yo sabía hacer… Unos 10 minutos antes del final el árbitro Lamolina expulsó a Caniggia por un codazo. Lamentablemente no pudimos evitar la derrota. En lo personal quedé satisfecho por haber debutado, porque era recontra difícil llegar a primera. En esas épocas no se promovía a un chico de las inferiores sin que tuviera méritos. Había que jugar realmente bien para que te tuvieran en cuenta.

Después de esa noche en Córdoba, el equipo alternativo continuó jugando por algunas fechas más, aunque yo no volví a ser citado. Al año siguiente a Veira no le renovaron el contrato y la dirigencia trajo a Carlos Griguol, que venía de hacer campañas muy importantes en Ferro. Con él llegó el Cai Aimar, a quien tuve como técnico en la tercera. Al final de esa temporada, la 1987/88, me dejaron libre, justo antes de hacerme el primer contrato. La noticia la tomé con naturalidad e intenté continuar con mi carrera. Entonces apareció la posibilidad de firmar para Platense, ahora como futbolista profesional. Ahí dirigía la primera José Ramos Delgado, que había trabajado en River, y el preparador físico era el profe Sicilia. Eso facilitó mi llegada al club. En Platense jugué cuatro partidos en primera y bastante en reserva. Fue en el torneo que si había empate entre los dos equipos, se definía con tiros desde el punto de penal y se le daba un punto extra al ganador. A mí me tocó patear dos veces: uno se lo hice a Catalano, de Deportivo Español, y el otro me lo atajó Cancelarich, de Ferro.

Más adelante, en el mismo campeonato, a Ramos Delgado lo reemplazaron por el Chavo Anzarda, que vino con el Bicho Pellerano como técnico de la tercera. En primera no volví a jugar y como Pellerano no me tuvo en cuenta en la tercera, dejé de ir. Un día le dije que yo era jugador profesional, y si la próxima no me ponía, me iba a mi casa. A la fecha siguiente me citó para el banco y, como se lo había anticipado, no fui nunca más y rescindí contrato. Muchos años más tarde me crucé con Pellerano, que se acordaba de la situación. Nos saludamos lo más bien. Me pidió mil disculpas. Yo soy muy frontal, pero no le guardaba ningún rencor. Ya siendo director técnico, tenía claro que este tipo de cosas suceden…

Al irme de Platense, comencé mi carrera en el ascenso: jugué Atlanta, Almagro, El Porvenir, Italiano, Temperley y Estudiantes de Buenos Aires. Con Atlanta ascendimos al Nacional B. Yo hice uno de los goles en la final de ida, que le ganamos 2 a 0 a Chicago de visitante. Eso fue en la temporada 1989/90. Nos dirigía Jorge Castelli. En la temporada 1995/96 volví a subir al Nacional B jugando para Italiano, con Caruso Lombardi de técnico. Aquella vez superamos en la final a Estudiantes.

A los 29 años me retiré. Estaba harto del trato que le daban los dirigentes al jugador en general. Me cansó el esfuerzo que había que hacer para poder cobrar. El futbolista todavía no estaba bien defendido por su gremio, como en la actualidad. El Ruso Zielinsky me quiso convencer para llevarme a San Telmo pero le dije que no. Podía haber seguido, pero no tenía más fuerzas… Por unos años, corté todo vínculo con el fútbol, me compré un taxi y me puse a manejar. Esa fue mi fuente de trabajo durante un buen tiempo. Me rendía más que lo que pude haber ganado con el fútbol.

Años más tarde hice el curso de técnico y a partir de un trabajo práctico que me pidieron donde estudiaba, volví a entablar contacto con Caruso Lombardi. Ricardo me invitó a sumarme a su grupo equipo. Me gustó la propuesta y arranqué de cero. Primero iba a ver a los rivales, seguí como entrenador de arqueros, luego fui su ayudante de campo… Así pasamos por varias instituciones. Cuando Caruso arregló como manager de Deportivo Español, me llevó a mí como director técnico y esta es la función que sigo cumpliendo hoy…

Hay veces que me cruzo con gente de mi época de River. Por ejemplo, a Sergio Míguez suelo verlo en el gremio de los técnicos. También me ha pasado de ver ocasionalmente a Gorosito, Troglio, Zapata, el hijo de Martín Pando… Hasta con el Tolo Gallego me crucé una vez y se acordaba de mí, a pesar de que yo era muy pibe cuando compartimos el plantel. ¿Caniggia? Viajé con él algunas veces en el colectivo 28 mientras éramos compañeros. Después se convirtió en una figura internacional importantísima y nunca más me lo he encontrado. Ojalá tenga la posibilidad de hacerlo alguna vez. Seguramente se va a acordar… Si me encuentro con alguien, charlo lo más bien, pero más allá de eso, me desconecté: no estoy en ningún grupo de whatsapp ni he participado en reuniones sociales.

A la hora de hacer un balance de mi carrera, me queda un sabor amargo tal vez, por no haberme brindado al máximo en lo físico. Pero más allá de eso, estoy muy conforme con lo que hice, no tengo nada que reprocharme”.

Foto: Juan Chumba, con el buzo de DT de Español, equipo que dirige en la actualidad (@ph.polaco/www.soloascenso.com.ar).

Deja un comentario