Gente de Cole

Esta era Casa Mary, la centenaria mercería de Zabala al 3200

En Zabala entre Martínez y Conde, existe sólo un local comercial. Pero desde hace cerca de cinco años tiene la persiana baja. Entre bonitas casas y algún que otro edificio, se encuentra esta propiedad, que mientras estuvo en actividad se llamó Casa Mary. Era una mercería atendida por sus dueños, el matrimonio compuesto por Eduardo y María Elena. Este medio les realizó una entrevista en febrero de 2017. Él tenía 83 años y ella, 82. Aquella nota se tituló “Cierra la tienda de los 100 años”. Es que esa era, aproximadamente, la antigüedad de la mercería cuando se llevó a cabo el reportaje. Y el cierre, se anunciaba en el título porque eso era lo que daba a entender el matrimonio. Cansados por tantos años de lucha y por la importante disminución de las ventas, estaban abocados a liquidar las prendas que aún quedaban en el local. Y, efectivamente, muy pronto, hubo un día en que la pesada cortina metálica de color gris, no se levantó más.

Eduardo y María Elena vivían en la misma propiedad. Tenían su casa detrás del negocio. Días atrás, un mediodía, pasamos caminando por la cuadra. Una vecina limpiaba la vereda y se nos ocurrió preguntarle por ellos. Contestó que ambos habían fallecido. Primero ella y al tiempo, también él. La vecina entregó su respuesta con gesto cordial y una expresión donde la pena por lo sucedido, no sabía de ocultamientos. La pareja de comerciantes era muy apreciada en la zona. Su trato amable había quedado en evidencia aquella vez que los entrevistamos y al parecer, ese modo de proceder era una constante en sus vidas.

Eduardo y María Elena, detrás del mostrador de la tienda.

El paso del tiempo dio otro de sus veredictos. La centenaria Casa Mary se extinguió y ahora tampoco están los que fueron sus últimos propietarios, porque la mercería, existía ya antes de que ellos se hicieran cargo de la actividad comercial del negocio. En aquella nota de 2017, tal como se transcribe a continuación, se daban a conocer detalles de sus comienzos en Colegiales, a nivel pareja y en el aspecto comercial:

“Se casaron en 1958, luego de noviar nueve años. Desde entonces, habitan una vivienda con local a la calle en Zabala entre Martínez y Conde. El negocio, es una tienda y mercería que está cumpliendo ¡cien años! Es que antes de que el matrimonio se hiciera cargo, la tienda pertenecía a Juana, la madre de María, quien falleció en trágicamente: la atropelldó un tren en la calle Girardot, en Villa Crespo”.

Eduardo y María –seguía diciendo la nota-, se habían conocido “en una vieja calesita ubicada en Loreto entre Conesa y Zapiola. ‘Yo llevaba a un sobrinito y él estaba ahí, porque los muchachos siempre iban adonde solía haber chicas’, señala María, pícaramente. ‘Nos pusimos de novios en un baile del club Juventud de Belgrano’, acota Eduardo, que nació en Crámer ‘del otro lado de la vía, ahí donde antes era Belgrano’, explica, para que se entienda que aquella cuadra era la que limita con la plaza Portugal. ‘Pero cuando la conocí a ella, me había mudado a Olaguer 2959. Al casamos, vinimos a vivir acá’. Producto del amor nacieron Guillermo y Ana María, que a su vez les dieron cuatro nietos, dos varones y dos nenas”.

En relación al cierre del local, el triste momento que vivían en febrero de 2017, también quedó reflejado en la entrevista, de esta manera:

«Anda mal. Hay semanas donde directamente no entra nadie. Antes yo iba a Once dos veces por semana a reponer mercadería. Hoy ya no voy. Creo que hace ya seis meses», confiesa la señora. Su esposo explica: «La mejor época acá fue la de Perón. Cuando la clase trabajadora tiene plata, gasta. Pero si la plata la tienen los ricos, guardan. Es más o menos así. Simple».

Pase a la triste actualidad comercial al matrimonio se lo ve vital y saludable. «El que anda con un poco de plata prefiere ir al shopping. Las mercerías ya casi no existen. La gente no cose. A mí me gustaría vender el stock que me queda y cerrar -dice ella-. Me dijeron que se podía hacer por Internet pero nosotros no tenemos. Ni siquiera usamos celular. Vamos a ver si la familia nos puede ayudar con el tema de la tecnología». En el local se vende ropa de mujer; y de hombre, sólo calzoncillos y medias.

En Zabala al 3200, a simple vista, el panorama casi no ha cambiado con respecto a hace cinco años. Pero los que viven en las inmediaciones, quizás sepan que hay dos queridos vecinos que ya no están. Aunque es posible recordarlos con cariño, solamente dirigiendo la mirada hacia el toldo metálico y la persiana de color gris ubicados en cercanías de la mitad de la cuadra.

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