Gente de Cole

¿Salimos por el barrio?

Hoy: La Farola Express, de Amenábar y Virrey del Pino.

Aclaración: La Farola Express no está en Colegiales. Pero tampoco tan lejos. ¿Y cuál es la distancia que lo separa del barrio? Nada más que el ancho de la calle Virrey del Pino. Porque este restaurante que probablemente muchos vecinos de Colegiales frecuentan, está en la esquina de Amenábar y Virrey del Pino, aunque del lado de Belgrano, es decir, de la mano izquierda de ambas arterias, en el sentido del tránsito vehicular.

Formulada la necesaria aclaración, vale introducirnos en el contexto de la visita a este local de La Farola que, como indica su título, no es uno de los tradicionales sino el “Express”, algo que a lo mejor tenga que ver con las dimensiones más reducidas del recinto. El día escogido para comer allí es un domingo de julio, aproximadamente a las nueve de la noche. En este horario, todavía es escaso el público que se ha reunido a cenar, pero el salón irá completándose con el transcurso de los minutos. Somos cuatro. Dos adultos y dos menores. Apenas nos sentamos junto al ventanal que da a Virrey del Pino, llega a atendernos una de las dos mozas que se encuentran trabajando en esta jornada dominguera. Ella trae los menués, que cuentan con muchas opciones. Sin embargo, la decisión ya está tomada. Consiste en un clásico que nunca pasa de moda: pizza y empanadas. Segundos más tarde, la chica ya conoce nuestro pedido. Pronto, regresará con una grande de muzzarella y tres de carne.

La espera de rigor, permite efectuar un reconocimiento del panorama. El salón no es enorme aunque hay lugar para unas cuantas mesas, lo suficientemente espaciadas. En la zona central, muy cerca de la puerta principal (la de la ochava, pues hay otro acceso más pequeño por Amenábar) una luminosa vitrina cargada de sabrosos postres y tortas, aparece a manera de recibimiento. Hay dos televisores que, sin sonido, alternan contenido de fútbol y noticias. También, música de fondo. Los baños están arriba, en un primer piso, al cual se accede por una escalera ubicada junto a la puerta de Amenábar. Todas las mesas poseen sus respectivos recipientes con alcohol en gel. Unos mantelitos individuales de papel dicen: “La Farola Express. Tu Súper Clásico. ¡Sumate a nuestra Comunidad!” Y junto al logo de Instagram, figura su dirección virtual: @Lafarolaexpress.

Las mozas tienen bastante trabajo y llama gratamente la atención, cómo colaboran entre sí. Una de ellas, claramente más experimentada, le explica a su compañera algunas cuestiones cuando se encuentran junto a la mesa a la que acaba se sentarse un grupo (familiar, casi con seguridad) de seis miembros. La chica de mayor experiencia es la que nos ha tocado a nosotros; unos veinte minutos después de haber hecho el pedido, llega con la bandeja. Ya había traído las bebidas, las servilletas de papel y los cubiertos, reguardados en bolsitas transparentes. La comida se ve apetitosa y, efectivamente, lo es. La masa de la pizza es fina y la muzzarella, abundante. Las aceitunas son descarozadas y las empanadas, de buen tamaño. En síntesis, el resultado de esta nueva incursión gastronómica arroja un saldo positivo, ya que al margen de lo enumerado, la atención también ha sido buena y los precios no se apartan de las expectativas.

Media hora después, los platos lucen vacíos. En el mostrador, un motociclista espera para recibir un pedido. En simultáneo, suena el teléfono, algo que se ha repetido con frecuencia desde nuestro arribo y, muy probablemente,  siga sucediendo una vez que, satisfechos, partamos del local.

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