Barrio Mío

Recorro tus calles, Colegiales

Hoy: Virrey Arredondo.

El lateral más tranquilo de la Plaza San Miguel de Garicoits, tiene a Virrey Arredondo como protagonista. Por esta vereda (entre Álvarez Thomas y Delgado) transita poca gente. Tampoco en la acera de enfrente, donde las casas bajas se entremezclan con pequeños edificios, se observa mucho movimiento en este domingo de fines de mayo.

Si se cruza Delgado, rumbo a Enrique Martínez, las dificultades para los peatones se hacen visibles ya en la esquina, junto a un local vacío que sustituye a La Prometida (la panadería que luego de haber estado unos cuantos años, cerró durante la pandemia). El problema pasa por sortear las vallas dispuestas por unos cincuenta metros, debido a refacciones efectuadas por Edenor. En esta cuadra los edificios son más altos que en la anterior: tienen unos siete u ocho pisos. Además, hay otro en construcción. Y un terreno baldío donde había una propiedad que fue demolida.

En Arredondo y Martínez, un estacionamiento ocupa una de las esquinas. A mitad de cuadra, hay otro garaje. Llama la atención la vereda de enfrente (la par), por su carencia casi absoluta de árboles -foto principal-. Esta circunstancia provoca que sea muy difícil transitar estas baldosas bajo el sol veraniego. Sin embargo, en mediodías muy fríos como éste, da enorme placer sentir los tibios rayos del sol en el rostro, mientras se contempla, por ejemplo, el bello chalet que se erige en medio de la cuadra. A pocos metros, un auto estacionado junto al cordón (¿cuánto hará que está allí?), tiene en su parabrisas el cartel que avisa que será removido de la vía pública.

Se ve poca gente por la zona. Entre los escasos vecinos que se dejan ver, hay una señora que en la esquina de Martínez cruza la bocacalle en diagonal, llevando bolsas con basura. En esta cuadra –entre Martínez y Superí- hay otros dos edificios en construcción, uno de cada lado. Una casilla de vigilancia en desuso lleva quién sabe cuántos años en la intersección de Arredondo y Superí. Ha sido pintarrajeada con aerosoles y en sus de sus ventanas, un ingenioso afiche dice: “No soy pesimista. Soy un realista en una pésima realidad”.

Virrey Arredondo y Conde. En una de las esquinas funcionó durante muchos años un taller de vidrio. Allí ahora están levantando una torre. En otra de las esquinas, en diagonal, acaban de demoler una vivienda. Un automóvil sale marcha atrás desde una cochera, con un hombre y una mujer en su interior. En numerosas fachadas está pegada la calcomanía del censo del 18 de mayo, así como también, en el frente de mármol de otra casa, un dibujito hecho por un pequeño vecino, exhorta a los dueños de las mascotas a que éstas no ensucien la vereda: “Querido perro. Dígale a su dueño que esto no es un baño”, se demanda con ironía desde el dibujo infantil.

Después de Freire, aparece el Madrid, un hotel barrial que a metros de su puerta de ingreso, tiene una nutrida cantidad de motos (sin motociclistas) aparcadas.  En la manzana de enfrente, cuando ya transcurrieron cuatros días del 25 de mayo, todavía se ven un par de banderas argentinas. Si bien no hay viento que las haga flamear, la proximidad del invierno sí se siente: poco antes del mediodía, el termómetro marcaba apenas nueve grados de temperatura.

FICHA TÉCNICA:

Junto con Delgado y el pasaje Corregidores, esta es la única calle cuyo trazado pasada solamente por Colegiales: comienza en la Avenida Cabildo y llega hasta Álvarez Thomas, completando un trayecto de 14 cuadras, al cual hay que restarle unos 170 metros, que pierde al ser interrumpido por Plaza Juan José Paso y el Playón del Ferrocarril Mitre.

EL MOTIVO DEL NOMBRE:

Nicolás Antonio de Arredondo (1726-1802), un militar español; fue virrey del Río de la Plata de 1789 a 1795.

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