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La centenaria “farmacia de Cristina”, varias décadas en Lacroze y Crámer

La geografía de Federico Lacroze entre Crámer y Conesa cambió abruptamente desde que comenzaron las obras para hacer el viaducto. El túnel se estrenó en octubre de 2013 y nada volvió a ser igual. Los automovilistas se vieron beneficiados por la agilidad que ganó el tránsito vehicular. Los peatones, al no poder cruzar con la misma facilidad debido a la erradicación del paso a nivel -algo que se implementó unos meses más tarde-,  vieron alteradas, en parte, sus rutinas de ir y venir hacia ambos lados de la estación. En cuanto a los comerciantes, muy pocos sobrevivieron a los cambios. Uno de los negocios que sí continúa en pie es la farmacia Green, ubicada en Lacroze, casi Crámer, mano a Cabildo. En este caso, su trayectoria va mucho más allá de la década pasada.

En su interior, su dueño, acepta amablemente el diálogo con este medio. Su nombre es Benito y nació en Roma, Italia, hace 81 años. Su esposa Cristina es argentina y también trabajó allí, aunque por razones de salud, hoy no lo está haciendo. El negocio, justamente, es más conocido como “la farmacia de Cristina” que por su verdadero nombre. Esto lo cuenta Benito, que llegó de su país a los 18 años, allá por 1959, en el contexto de una inmigración familiar en la que sus abuelos habían sido pioneros en 1930 y que finalizó con sus padres, que arribaron a Buenos Aires unos años después que Benito, a principios de los años Sesenta. El objetivo de hacer las valijas, tenía que ver con la búsqueda de un mayor bienestar general para la parentela.

En relación a la farmacia, tiene su propia historia. Y vaya que es larga… “Debe andar por los cien años de antigüedad  –indica Benito-. Primero estuvo ubicada en Castro Barros y la Avenida San Juan. Recién después se estableció en Colegiales. En 1976, cuando el local ya estaba ubicado en este lugar, mi señora, que es farmacéutica, compró el fondo de comercio y a su vez el dueño anterior abrió la Droguería Disval”.

No hace falta ser muy perspicaz para entender que Green es un típico local de barrio, de esos a los cuales las cosas no les resultaron fáciles tras el arribo de las grandes cadenas, y mucho menos, por las modificaciones que sufrió la avenida. Benito lo confirma: “No es la farmacia que era antes. El túnel redujo todo. Quitó mucho tránsito por esta cuadra. Pero nos seguimos manejando con la gente del barrio y aquí estamos… Con las cadenas no se puede competir, por eso, lo que hay que intentar, es diferenciarse en el servicio que se le ofrece al cliente: generar confianza con él, ayudarlo con su problema. Tampoco atendemos obras sociales, porque tienen una modalidad de pago que una farmacia de barrio no puede aguantar. Y si usted se atrasa con el pago, la droguería no le manda la mercadería”.

Ante la consulta de cómo pasaron la época de la construcción del Viaducto, rememora: “Fue difícil. El trabajo se estancó, pero el dueño del local ayudó en aguante. Ahora, ya no hay accidentes de tren, aunque a un costo muy alto para los comerciantes”.

La barrera no existe más. Los autos, los colectivos, los camiones, ya no se amontonan junto a las vías del Mitre, a la espera de que pasen los trenes. Ahora, por el frente de “la farmacia de Cristina” apenas pasan algunos vehículos y otros tantos peatones. Pese a la situación que comenta, Benito no se queja. Y agrega que antes “no pasaba un año sin que hubiera un accidentado”.

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