Gente de Cole

Matías, el vendedor del 184 que ganó en Los 8 Escalones

Freire y Céspedes. Un vendedor ambulante espera el 184 en la parada de la esquina. Para el colectivo. Sube. Charla amigablemente con el chofer. El vehículo sigue por Freire, dobla en Elcano, pasa por debajo del puente del Ferrocarril Mitre y se dirige por Virrey del Pino. El vendedor suspende su conversación, da media vuelta y se dirige a los pasajeros. Con simpatía y oficio, ofrece su mercancía. Como pez en el agua, se mueve por el interior del vehículo. Minutos más tarde, tras haber realizado su trabajo, se despide amablemente del público, saluda al conductor y baja en algún punto de la Avenida Cabildo.

¿A qué usuario habitual del 184 –de los que suelen recorrer Colegiales, Belgrano y Núñez- no le resulta familiar esta situación? Es una escena que viene repitiéndose desde la década del Noventa. Unos 25 o 30 años atrás, con gran perseverancia, este comerciante ya cumplía con la rutina que, quizás, con alguna variación, es idéntica a la de nuestros días. De no ser por su constancia, seguramente la situación no hubiera ameritado ningún artículo en un medio periodístico. Y su loable perseverancia como único elemento, a lo mejor tampoco alcanzaría para justificar una nota del “casi anónimo” vendedor de sahumerios. Sin embargo, un inesperado ingrediente provocó que Matías Hernández –así se llama- fuera noticia en los medios de máxima repercusión a nivel nacional.

Preguntas y respuestas

En la noche del miércoles 6 de abril, un concursante de Los 8 Escalones ganó el premio mayor: un millón de pesos. El ganador era Matías, quien por si esto fuera poco, al mediodía del día siguiente, volvió a competir y a ganar otro millón en el programa de preguntas y respuestas que conduce Guido Kaczka por el canal El Trece. El extraordinario acontecimiento, pudo haber tenido una tercera parte, pero Matías decidió decir basta y no seguir participando, pese a que estaba latente la chance de responder para ganar un millón más.

Frente a semejante evento, el ganador le contó a Guido acerca de su labor en el 184, hecho que generó más impacto aún. Emocionado, agregó que con la plata ayudaría a su hija que estudia Bellas Artes, que se haría una dentadura postiza, que está por recibirse de profesor de Historia, que parte del dinero lo usaría para dejar de vivir en un hotel, que invitaría a un asado a los choferes de la Línea 184… Su decisión de renunciar teniendo la posibilidad de seguir participando sorprendió, pero Matías explicó que no es demasiado ambicioso y que con esa cifra era suficiente. Pese a la insistencia para que se quedara, no cambió su postura. “Tengo la cabeza explotada”, dijo.

¿Y ahora?

Para los medios de mayor repercusión, tal vez, la nota haya terminado aquí. Sin embargo, para un  medio que intenta transmitir lo que ocurre en el barrio, a nivel hechos y personajes, la cuestión continúa. Como autocrítica, cabe replantearse por qué con la oportunidad de haber hablado de Matías en referencia a su notable trayectoria, vendiendo un mismo producto y en una única línea de colectivos, recién se puso más atención en él, cuando salió en televisión y ganó un suculento premio.

Tras esta autocrítica, surgen dudas. ¿Volvió a ofrecer sahumerios en el colectivo el día después del programa? ¿Cómo lo recibieron los choferes? ¿Lo reconocieron los pasajeros? ¿Por qué exclusivamente el 184? Como se podrá deducir, en relación a este medio periodístico, el tema no termina de manera tan abrupta, sino que existe la ilusión de desentrañar algunos interrogantes. En una próxima nota, quizás el propio Matías sea el encargado de entregar las respuestas.

Foto: Infobae.

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