Gente de Cole

“Jujeña”, histórico comercio de Conesa entre Loreto y Arredondo

Su dueño nació en esa propiedad. Allí, desde 1990, fabrican tapas para empanadas.

Norberto Bosio está sentado dentro de su negocio de Conesa al 1200. Una reja hace de separador con la vereda, pero no impide ni la visual ni la conversación. Así atiende a sus clientes, y bajo la misma modalidad, entabla el diálogo con este medio. Minutos más tarde, abrirá la puerta enrejada y aceptará sacarse una foto junto al cartel de “Jujeña” que hay dentro del local. Pero antes de que esto ocurra, muy amablemente, cuenta que lo que en la actualidad es una fábrica de tapas de empanadas y pascualinas, antiguamente era su propio hogar, en el que nació hace 76 años.

“Esta zona se llamaba La Calabria”, evoca Norberto, haciendo referencia a un área de Colegiales que tenía denominación específica, pues estaba habitada por muchísimos vecinos provenientes del sur de Italia. Sus padres y abuelos, también eran italianos. “Mi papá, Aldo, de Sicilia. Y mi mamá, María Rosa, de Piamonte”, puntualiza. Tramos importantes de las calles Zabala y Virrey Loreto, por ejemplo, contaban con vecinos de dicha región europea. A tal punto llegaba la identificación, que en ciertos períodos, Virrey Loreto se llamó Calabria, antes de recibir definitivamente su nombre actual, en la década del Ochenta.

Con el transcurso de los años y después de que la casa dejara de cumplir esa función, se utilizó como propiedad comercial. Antes de que “Jujeña” se instalara, hubo una carpintería. Y en 1990, se formalizó la sociedad entre Norberto y Daniel, su hermano menor. A partir de aquel momento, el barrio cuenta con este emprendimiento familiar que ya ha transitado más de tres décadas y que, como se puede deducir, ha atravesado por las más diversas etapas económicas de la Argentina. Su apertura se produjo cuando todavía estaba muy fresco el recuerdo de la hiperinflación y su andar se ha prolongado hasta nuestros días, un período, que según Norberto, es el más difícil. “La pandemia cambió todo”, explica. Y amplía su concepto: “Cuando empezó la cuarentena muchos negocios cerraron y no volvieron a abrir. Eso se dio especialmente en el centro de Buenos Aires. La gente que iba a trabajar allá en las oficinas, se quedó haciéndolo desde la casa. Por esta situación, nosotros perdimos dos recorridos y medio”.

Lo que Norberto explica, es que gran parte de esos negocios que hoy ya no existen, le compraban  mercadería a su empresa. “Además los distribuidores que hacían el reparto perdieron su trabajo. Y nosotros acá estamos, sobreviviendo…”

Mediodía en Colegiales. Un auto se detiene en la puerta. Es el sobrino del entrevistado, que también forma parte de la empresa familiar. Su papá, Daniel, no atraviesa un buen momento de salud, pero está mejor que unas semanas atrás. “Le dio covid y se le complicó. Pasó como dos meses en cama. Ahora se está recuperando”, cuenta Norberto, cuyos hijos, Pablo y Julián, viven en España: “Se fueron hace unos 20 años, sin nada concreto, pero consiguieron trabajo y están muy bien”, se alegra.

La historia del nombre de la empresa no podía faltar en la charla. “Yo tenía una casa rodante y en ella, recorrimos mucho el país. Cuando estuvimos en Jujuy, sus empanadas me gustaron tanto que le pusimos Jujeña a las tapas”. Más allá de la anécdota, su preocupación regresa si la conversación vuelve a posarse sobre estos tiempos difíciles. El cierre de los comercios gastronómicos céntricos, es uno de los motivos de la falta de trabajo. Pero no es el único: “Nuestra actividad decayó porque hay gente en el Gran Buenos Aires, que también comenzó a fabricar estos productos. En Provincia los requisitos que deben cumplir los comerciantes son muchos menores a los que tenemos en Capital. Eso se traslada a los precios y contra esta situación es muy difícil competir”.

A pesar de todo, Norberto señala con satisfacción, que “Jujeña” no rebajó ni la calidad ni el tamaño de sus productos. En plena era tecnológica, existe un buen lugar para corroborar si lo que sostiene Bosio guarda relación con la opinión del público: el Google. La enorme mayoría dejó en Internet conceptos elogiosos. Hay uno, escrito por un cliente llamado Oscar, que particularmente sirve para cerrar la nota: “Qué puedo decir. Hace nada más que 30 años que utilizo Jujeña”.

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