Gente de Cole

Familias tradicionales de Colegiales

Hoy: Los Rosen.

Palpa 3080. Palpa entre Freire y Zapiola. Una casa tipo chorizo y tres departamentos a lo largo de un pasillo. En el del medio, vivió el matrimonio compuesto por Heinz y Ruth Rosen. Judíos alemanes, de la ciudad de Breslau –hoy Wroclaw, Polonia- vinieron embarcados de Europa, escapando de la persecución nazi. Ellos sobrevivieron. No sus padres, que prefirieron esperar para viajar y perecieron, muy probablemente, tras ser deportados a los campos de concentración del hitlerismo.
Heinz y Ruth se casaron en 1938 y cruzaron el océano en 1939, justo antes de que se desatara la Segunda Guerra Mundial. Llegaron al puerto de Buenos Aires pero por decisión de las autoridades de la época, no los dejaron bajar (lo mismo había ocurrido en Montevideo) y siguieron con destino a Asunción. En Paraguay –que sí permitía el ingreso de judíos- estuvieron unos tres años. Entre otras cosas, trabajaron en la cosecha del algodón.
En 1942, volvieron a la Argentina, en tren, y esta vez sí, para radicarse definitivamente. Bajaron en la estación Federico Lacroze del Ferrocarril Urquiza. En principio los albergó una pensión de la calle Azcuénaga, en el Once porteño. Enrique (el nombre “castellanizado” de Heinz) consiguió un empleo como administrativo en una empresa cuyo dueño también era de la comunidad. Ruth trabajó como empleada doméstica. En 1945 nació Susana, su hija mayor. Por aquellos tiempos se mudaron a un conventillo –hoy desaparecido- de Conesa al 1200, ya en Colegiales. Cuando en 1952 nació Andrés, el segundo hijo, ya vivían en el antiguo PH de Palpa, que a fines de 2021, todavía se mantiene en pie.
Por unos diez años esa fue la vivienda de los Rosen. En ese lapso, Heinz trabajó duramente, ahora como cuentenik (término en idioma idish, que señalaba a los cuentapropistas que se dedicaban al corretaje) de indumentaria, principalmente, de mujeres y niños. De Europa, había traído su gusto por el fútbol. Así, se hizo ferviente hincha de Boca. Jamás pisó La Bombonera, aunque usando la fiel radio a transistores, procuraba no perderse las presentaciones de su equipo y escuchaba todo lo que ocurría con el fútbol en general.
En 1960, estuvieron a punto de emigrar a Canadá, donde vivían los tres hermanos de Heinz, que también habían huido del nazismo. No pudieron hacerlo por trabas administrativas. Heinz volvería a ver a sus hermanos esporádicamente, en vacaciones. En cambio Ruth, que tenía a su único hermano en Asunción, no lo vio más desde que dejaron Paraguay.
Mentalizados para continuar con su vida en Buenos Aires, gracias al dinero que ahorraron lograron pasar de inquilinos a dueños. Resultó fundamental el pago recibido desde su nación de origen: una indemnización con motivo de su escape forzoso y según las propiedades que tenían en Breslau.
En 1961, los cuatro se mudaron a un departamento de Zapiola entre Céspedes y Palpa (a la vuelta de su domicilio anterior). Sus hijos crecieron y se casaron. Susana –que fallecería siendo muy joven, a causa de una enfermedad- siguió en el barrio. Andrés, se convirtió en vecino de Belgrano. Cada uno tuvo un hijo: Pablo por el lado de Susana y su esposo Alfredo; y Eduardo, hijo de Andrés y su esposa Raquel.
Los sábados, la familia solía encontrarse en el departamento que los abuelos tenían en Zapiola. Almorzaban por turnos (los chicos primero), en una pequeña cocina, donde quizás faltaba espacio, pero nunca amor. Y pasaban juntos gran parte del día.
El matrimonio continuó viviendo allí hasta su fallecimiento. Heinz murió en 1991, a sus 80 años. Ruth, en 1996, poco antes de cumplir 82.

Foto: Heinz y Ruth, y sus hijos Susana y Andrés. Década del Cincuenta.

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