Gente de Cole

Difícil momento para «Los Gatis de Teodoro»

Hay novedades en el baldío de Teodoro García entre Zapiola y Conesa, donde vive la colonia gatuna denominada por sus cuidadoras, “Los Gatis de Teodoro”. Como sucede en tantas partes del barrio, este predio tiene destino de edificio. Durante muchísimos años ha estado deshabitado, lo que favoreció el crecimiento de vegetación silvestre y el asentamiento de gatos callejeros que las voluntarias se encargan de alimentar y proteger. Sin embargo, hace poco la maleza fue cortada y (al igual que en un terreno contiguo) comenzaron los trabajos para edificar. Liliana Paolinelli, una de las voluntarias, brindó un completo panorama de la situación.

-En junio de 2019 se puso a la venta la casa de al lado del baldío, que era el lugar donde se guarecían los gatos y tenían sus crías. Hablo de una colonia de 25 gatos, todos identificados con nombre propio. Las voluntarias de Los Gatis de Teodoro habíamos conseguido castrar a 9, quedaban muchos todavía por esterilizar y mientras tanto seguían reproduciéndose. Un día apareció el cartel en la casa de “reservada”. El futuro tan temido ya no era lejano y empezamos a averiguar sobre refugios, pensando la posibilidad de atraparlos y llevarlos allí. Pero los refugios quedaban lejos de Capital y, además, los gatos ferales son muy difíciles de agarrar. Elsa Tyrakowski, una de las voluntarias, recibió el llamado del arquitecto encargado del proyecto de construcción. Él estaba al tanto de la existencia de los gatos y se puso a disposición de lo que hiciera falta para trasladar a los animales, de procurar que la transformación de ese espacio silvestre en un edificio fuese lo menos traumática para ellos. También, nos comunicó los plazos. Mientras tanto, en el grupo de voluntarias la idea de trasladarlos a un refugio fue perdiendo fuerza y en cambio apostamos a la esterilización y a soltarlos de nuevo en su hábitat, confiando en que ellos mismos se irían adaptando al nuevo espacio. Vino la pandemia, la construcción se aplazó, aprovechamos ese tiempito para seguir castrando y soltando… Hasta que nos avisaron la fecha de demolición. Había crías en el fondo de la casa, le pedimos al arquitecto que nos esperara unas semanas para que pudieran ser sacadas (tenían sólo una semana de vida) y él, Santiago Raccone es su nombre, fue acompañando este proceso con buena disposición, hay que destacar. La demolición causó estragos, los gatos se aterrorizaron, muchos salieron disparados a la calle, a meterse debajo de los coches, dos gatas fueron atropelladas, 2 gatos desaparecieron… Iniciamos una campaña de comunicación vecinal mediante carteles, volantes, avisos en este medio tan querido… Y recibimos infinidad de llamados solidarios, entre ellos el que nos permitió rescatar a la Trico, gata histórica del baldío, en el fondo de una casa vecina. Con el correr de las semanas sacamos 5 gatos, los llevamos a casas de tránsito. Ya nos quedaba sólo una gata sin castrar; había tenido cría hacía poco y teníamos que sacarla antes de que emprendieran la limpieza del baldío. Elsa fue quien detectó dónde estaban las crías a través de las ranuras del portón, ella marcó con un puntito una foto y con ese dato combinamos con Santiago y una rescatista profesional, el día y la hora de rescate. La situación no admitía equivocaciones. Quienes participaron del rescate dicen que las ramas hacían un todo compacto impenetrable, que el rescate duró 3 horas y que la última cría fue sacada por el mismo Santiago, echado cuerpo a tierra y al que la rescatista lo tuvo que arrastrar de las piernas ya que él no podía moverse. Esa cría hoy vive con él, se llama Teodora.

-Ante esta situación, ¿cómo se están manejando con la colonia?

-Quedan 6 gatos: Ningu, Terry, Chino García, Diamante, Nao y Amazonia. Prácticamente aparecen sólo de noche ya que hay mucho movimiento de día, entrada y salida de camiones al baldío -el terreno se usa como obrador de la construcción-. Es probable que el año que viene se construya otro edificio ahí también. De cualquier manera, las voluntarias mantenemos el turno del mediodía para cambiar el agua, ver cómo está la situación y dejar alimento. Es necesario que ellos sientan que no son abandonados, que terminado el horario laboral pueden tomar agua, sentir que el cuidado continúa a pesar de todo.

-¿Qué más hablaron con los encargados de la obra?

-Uno de los puntos que consensuamos con Santiago, fue el de habilitar una franja a lo largo del baldío, separada mediante una mediasombra para que los gatos transiten por ahí y accedan a la vereda, que es donde reciben alimento y agua. A ese espacio lo llamamos “corral” o “gatera”. Ahí tienen sus cuchas; cada tanto pedimos permiso para entrar a limpiar, sacar bandejas que se vuelan. Los constructores nos hicieron el favor de abrir un par de agujeros más en la pared y prácticamente los gatos ya no comen más en el portón sino en su nuevo ámbito.

-¿Cómo ves la situación a futuro?

-Nos gustaría terminar de sacar a esos 6 gatos pero cuesta conseguir tránsitos. El tránsito es el período en que se ‘prepara’ al gato para poder ser dado en adopción, es decir, se intenta que interactúe con las personas. Este proceso puede ser largo y dificultoso con gatos de la calle, por eso se requiere paciencia, lugar adecuado y tiempo de dedicación. Las vacaciones no es un tiempo propicio, la gente viaja y lamentablemente no estamos recibiendo solicitudes de tránsito. Esperamos que esto se revierta en febrero-marzo. Por supuesto nosotras acompañamos el proceso con asesoramiento y cubriendo gastos.

En 2021, las voluntarias de Los Gatis de Teodoro son: Paula Gandini, Camila Wolfzun, Laura Guaragna, Stella Morales, Susana Valiente, Alejandra Neira, Sofía Roji, Alejandra Drandich, Cecilia Dalceggio, Elsa Tyrakowski Lelawski, Dina Priess Dos Santos, Liliana Paolinelli, Claudia Fernández, Marcela Carol, Gabriela Stefani, Nadia Perree, Eugenia Rey, Carla Vera y Liza Nakagawa.

Fotos: «Los Gatis de Teodoro».

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