Gente de Cole

Alberto, en situación de calle

No quiso que le sacaran fotos. Por eso, la imagen que ilustra este artículo no es un retrato de él, sino una de Google Maps, de la zona de Delgado y la Avenida Elcano, el área en la que suele “parar”, o mejor dicho, estar sentado. Un mediodía de principios de diciembre lo vimos por allí. Estaba en la vereda, recostado contra el muro de Delgado, entre Elcano y Virrey Avilés, de mano izquierda, en sentido del tránsito. Protegido del sol con una gorrita con visera, muy serenamente se preparaba para tomar mate. Junto a él tenía sus pocas pertenencias, entre las cuales había una valija en la que guardaba elementos para higienizarse y, muy probablemente, algo de ropa.

Hombre de pocas palabras, aunque nunca dejó de lado la buena predisposición al diálogo, no contó mucho acerca de su historia personal. Apenas contestó que su nombre es Alberto, que tiene 48 años y que hace unos 20 que está en situación de calle.

Como para que la gente ayude a sobrellevar su situación, cuando se lo consultó sobre sus necesidades inmediatas, no pidió dinero. En cambio, se refirió a elementos de higiene personal, toallas, en especial. Dijo además que en cuanto a indumentaria, le vendrían muy bien pares de medias largas, de estilo futbolístico. Dio a entender que le gustaría darse un baño, aunque para hacerlo debería pagar un hotel, hecho que para sus bolsillos no es un golpe sencillo de asimilar.

A la hora de dormir, comentaba, suele hallar reparo en algún lugar, sin alejarse de la zona, pero lamentablemente, tampoco dejando de vivir a la intemperie. Pese a todo, no se quejaba. Con tranquilidad –al menos es lo que se manifiesta externamente- asumía las circunstancias y en simultáneo al transcurso de la charla, seguía realizando los preparativos para tomar mate. El agua caliente ya estaba en su termo, gracias a la generosidad de algún vecino. Alberto comentó que eso, no le ha faltado. También tenía yerba… Mientras tanto, autos, colectivos y peatones pasaban cerquita, señal de que el mediodía de diciembre no interrumpía su implacable rutina.

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