Columnas

Bien de familia

El pueblo de mi padre, aquel al que llegaron mis abuelos y bisabuelos desde su Alemania natal… La investigación estaba avanzando. Pero, cómo estará la Colonia Avigdor de este nuevo siglo? Con la idea de desentrañar esta intriga desde la perspectiva de uno de sus pobladores actuales, ¿qué mejor que hablar con uno de ellos? Mi inquietud me llevó a contactarme con Carmen Rosenblatt, orgullosa avigdoriana, que seguía viviendo en el pueblo luego de haber nacido allí apenas unos años después que mi padre. La amabilidad de Carmen se manifestó sin tapujos a través del Facebook. Dijo que precisaba unos días para responder algunas preguntas que le hice llegar por esa vía. Cuando lo hizo, no pensé que me contestaría tan rápidamente. Dentro de la misma semana, también gracias a esta tecnología que tan útil es cuando se la usa correctamente, las respuestas estuvieron en mi poder. Había un elemento que no calculé: el apasionamiento de Carmen la condujo a explayarse muchísimo ante mis interrogantes. Incluso, me honró confiándome intimidades de su familia que no tenía por qué revelar, y que decidí dejar al margen del contenido de estos escritos para atesorar en calidad de comentarios a título personal.

Ante la abundante información suministrada, debí seleccionar y trabajar cuidadosamente en cada párrafo. El resultado, es un resumen que tampoco se ajusta a un solo capítulo, sino que contiene más de una entrega. A continuación, la primera de ellas:

“Las familias descendientes de alemanes que viven todavía en Colonia Avigdor son apenas diez, y hay otro tanto, más o menos, de familias descendientes de hijos de colonos de las otras colonias, con ascendencia rusa o polaca”.

“Nosotros seguimos manteniendo las instituciones judías, dentro de las posibilidades, junto con  algunas familias de pueblos o pequeñas ciudades aledañas que se asociaron a nuestra Comunidad”.

“Con relación a la época de su fundación, la de Avigdor, diría que es totalmente otra realidad, en varios sentidos… Primero, lógicamente, su población es diferente: de ser el noventa por ciento de habitantes extranjeros y judíos, el porcentaje pasó al uno o dos por ciento. Por supuesto, ya se trata de sus descendientes”.

“Sobre los actuales habitantes, hay de todo: colonos de otro origen y religión, docentes, empleados públicos, y mucha gente que vino de otros pueblos por haberse quedado sin trabajo. En Santa Elena, a unos 80 kilómetros de acá, hubo un frigorífico muy grande que hace, estimo, unos 30 años, se cerró. Y llegaron muchos de sus ex empleados a establecerse para trabajar de peones de campo etc.

“Hoy, por hoy, calculo que la mitad de la población, vive de  planes sociales y asignaciones familiares. No hay pobres, todos cobran y pueden vivir bastante bien. Se ve gente bien vestida, motos, autos -algo viejos-, los mejores celulares. En todas las casas (algunas sí, son precarias) hay antenas de DirecTV, que es la única forma de acceder a televisión en la zona”.

“En  la escuela primaria, se les da comida a los alumnos y el Gobierno (generalmente el provincial), ha construido muchas casas para estos habitantes”.

“A través de Fundación Judaica, hace unos años, llegaron de ‘Fundación Techo’ con la presencia de Julián Weich, e instalaron alrededor de treinta habitaciones de madera.”

“La otra parte de los habitantes, los que pagamos los impuestos, son mayormente ganaderos y agricultores. Se dedican a sembrar, arrendando campos en la zona. Hay algunos comerciantes y empleados públicos. El pueblo es muy chico, tiene alrededor de quinientos habitantes, y otro tanto en la zona zona rural…”

“Hay cuatro templos/iglesias: la Iglesia Católica, la Evangélica Congregacional, los Evangélicos Pentecostales, y nuestra Sinagoga. Existe muy buena convivencia entre todas las religiones, etnias, orígenes…”

“A diferencia de sus inicios, tenemos representación gubernamental, llamada Comuna. No llega a ser una Municipalidad, por la poca población, pero cumple más o menos esas funciones. Antes, por ejemplo, había un médico permanente, que mantenían los socios de una institución creada para tal fin. Hoy hay atención médica de algunos profesionales que vienen algunas veces por semana, una enfermera o enfermero permanente, y todo financiado por el Gobierno, que también asiste a la población en el traslado por enfermedades, etc, y por necesidades básicas”.

“Dependemos mucho de la vecina localidad de Bovril y/o de la cabecera departamental de La Paz, pues acá no hay bancos. Tampoco escuelas secundarias, aún. Los chicos van a una escuela agrotécnica con internado, que está a unos 20 kilómetros, o a una secundaria común, más o menos a la misma distancia, y son buscados y traídos por un trasporte, a cargo del Gobierno Provincial”.

Foto: una imagen actual. Se encuentra en un documento histórico, escrito por Carmen Rosenblatt, cuyo título es para el “Seminario Rabínico Latinoamericano, a 80 años de la “Kristallnacht” (la noche de los Cristales, en el idioma alemán).

Pablo Wildau

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