Columnas

Días argentos

Por Amalia Sanahuja

El 9 de julio impacta nuestros genes, por lo menos los míos. Es más fuerte la tierra de lo que parece y de lo que nos la quieren sacar del alma, pero ese lugar que se llama suelo donde uno nació y creció te recorre la memoria de las emociones sentidas.

El 9 de julio pero esta vez del 2021, asomó como cualquier otro invierno, con olor a chocolate y churros y a pastelitos calientes. Los oídos se impregnaron de distintas interpretaciones del himno, por la tele por la radio y por las redes sociales teñidos de banderas celestes y blancas, la más linda de todas, la del color del cielo, la de Belgrano. Es difícil no recordar momentos como cuando tus chicos fueron a la escuela y prometieron la bandera, o verlos cantar el himno pronunciando palabras inentendibles, pero con el sentido de la melodía que los une y hermana, aunque seamos distintos. O cuando a tu vieja se le caía un lagrimón al escuchar el himno y no te podía contestar la pregunta de ¿por qué llorás, mamá?

La patria te atraviesa, aunque te de bronca, aunque le reclames ausencias, aunque sientas que tus hermanos no la están pasando bien, pero la patria está allí aunque la quieran invisibilizar entre las naciones y la globalización que todo lo confunde en el multiverso de redes digitales y económicas que le quieren sacar el nombre.

Tu patria es tuya, aunque duela. Parece un tango, pero así somos. El domingo 11 el equipo de la selección de fútbol de Argentina se coronó con la Copa de América, la alegría de un pueblo que esperaba desde hace un tiempo, ese sentir común de aunque sea por un rato y con la ilusión de prolongar el sentimiento de compartir juntos muchos más eventos por el bien de todos. La alegría de los pibes con la camiseta, agitó las gargantas al grito de gol como quien libera contenida la necesidad de gritarnos juntos que podemos salir adelante. El equipo sudó, sufrió y jugó a su turno, el pueblo acompañó, se esperanzó y creyó que era posible. Sin lo uno, lo otro no hubiese sido posible. La confianza puesta en alguien hace que a veces se disparen las fuerzas y el éxito. Los días continúan y los problemas también pero de vez en cuando algo hace que la pelota se desvíe y se meta en el arco. Que este impulso de frescura y ganas nos dé renovados bríos para superar nuestras diferencias y que prime un sentido de solidaridad para resolver nuestros enigmas comunes. ¡Vamos Argentina!

Foto: el balcón de un edificio de Freire entre Lacroze y Teodoro García. La imagen no es actual, aunque constituye una muestra de lo que acontece en el barrio en fechas como el último 9 de julio.

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