Gente de Cole

Voces de mi Comuna

El invierno en Buenos Aires

El invierno en Buenos Aires tiene esas mañanitas en las que el frío arrecia, en las que hay que vestirse cual cebolla por las prendas que debemos usar, en las que la escarcha tiñe de blanco los árboles y las calles de la ciudad, en las que una copita de licor calienta el cuerpo. Cuando llegan las fiestas patrias había que concurrir al desfile y al patio del colegio, donde cantábamos el himno y se izaba la bandera. Ahora escucho música, suave, pienso en las notas del pentagrama que me transmiten un placer especial, veo las manos deslizarse sobre el teclado del piano y escucho las voces de los cantantes que me transportan a un mundo ideal.

Lo más importante que deseo es salud física y mental, poder quererse, amarse uno a uno, todos juntos. Girar alrededor del sol. Con un avión llegar a Marte, oír piar a los pájaros. Recordar el ayer y perdonar los errores, las equivocaciones nuestras y de nuestros parientes, mirar con mirada de niño inocente tu vida.

El amor por las pequeñas cosas despierta el deseo de retribuirlo con lo poco o mucho que desees dar. Cuenta mi madre que ella empezó a aprender a cocinar desde que era muy pequeña, subida a un banquito, mirando a mi abuela hacerlo, en su casa tipo conventillo, donde había que compartir muchas cosas, tales como el patio y el baño. Cuando vivían en Paris completó sus conocimientos culinarios simultáneamente con el estudio de sus materias de la escuela. No recuerdo a que edad comencé a ayudarla, o al menos intenté hacerlo. Ahora como paradoja de la vida, yo necesito ayuda, algunos días en los cuales no me siento con las fuerzas necesarias.

Algún tiempo atrás conocí a Ester, éramos compañeras de estudio, yo nacida en Munro y ella en la hermosa Provincia de Salta. Tenía dos hermanas menores que eran mellizas y yo soy melliza, esa era una de las coincidencias que teníamos. Ambas éramos amantes del derecho y la justicia. Ella era más inteligente que yo y su hermosa tonada al hablar era un don. Su cutis delicado, sus pecas que eran como pintitas que la adornaban y la embellecían, no sé por qué razón la vida nos separó.

Raquel Seltzer

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