Gente de Cole

“Nunca pensé en cerrar”

A fines de agosto, se autorizó la reapertura de bares y restaurantes porteños, en cuanto a la modalidad “exterior”. El Gobierno de la Ciudad liberó así una nueva posibilidad para los gastronómicos, un rubro que se halla restringido para desarrollarse con normalidad desde el comienzo de la cuarentena. En Colegiales, numerosos locales adhirieron al permiso que otorgaron las autoridades, acompañando la noticia con la habilitación de sillas y mesas en las veredas. En general, la clientela no se hizo esperar, siendo importante la cantidad de vecinos, que salió a consumir en las mencionadas condiciones.

En la intersección de Teodoro García y Conde, desde hace varios años hay un local de Havanna.  Gabriel, su propietario, vertió algunas impresiones acerca de la reapertura: “Los clientes recibieron esta posibilidad de muy buena manera, agradecidos de volver a tomar un café sentados en el sol de la esquina”. Havanna se encuentra a escasas metros del Sanatorio Colegiales, un sitio que históricamente, le aportó gente a la sucursal, en nutridas proporciones. De acuerdo a las apreciaciones del entrevistado, esa presencia ha disminuido: “Obviamente que viene gente del Sanatorio. Sucede que hubo una merma debido a la suspensión de las visitas por los casos de Covid que hay en el mismo. Pero tenemos los vecinos del barrio y clientes asiduos, eso nos permitió seguir adelante”.

Mientras se avivó la polémica a propósito de la decisión aperturista del gobierno de Rodríguez Larreta, Gabriel ofrece un dato comparativo, en relación al movimiento laboral en la franquicia que dirige: “Estamos trabajando al cincuenta por ciento de nuestra actividad normal, fluctuando día a día, pero en el promedio estuvimos en ese porcentaje gracias a las promociones de los productos realizadas desde la empresa”.

El protocolo exige que en locales gastronómicos no pueda haber más de cuatro personas por mesa y a que se respete una distancia de un metro y medio entre los comensales. En tanto se difundieron quejas por incumplimiento de ese punto, funcionarios porteños admitieron su preocupación por desbordes de gente en algunos locales capitalinos. En la vuelta a la actividad, los inspectores clausuraron bares y restaurantes, aunque fue por no cumplir con los horarios de ocupación de la vereda, más que por la cantidad de público sentado a las mesas. En referencia a su negocio, Gabriel hizo hincapié en que “los protocolos, desde el día que empezamos, es nuestro desafío diario, porque nos mantiene trabajando y cuidando la salud”.

En el ámbito capitalino y en Colegiales específicamente, hay comercios del sector que, consecuencia de la pandemia, se han visto en la obligación de bajar la persiana definitivamente. Sin embargo, el entrevistado señaló que esa idea no estuvo en sus planes: “En ningún momento pensé en cerrar, sería una salida fácil a un momento difícil para todos: para nosotros como dueños y para los empleados y sus familias”.

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