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El natatorio cerrado y un momento difícil

Un enorme portón cubre la puerta de ingreso a la sede de Chacarita Júniors. Los clubes están cerrados desde el inicio de la cuarentena; en consecuencia es nula la actividad social, cultural y deportiva en estos lugares tan frecuentados en épocas de normalidad. En las instalaciones de la calle Teodoro García, entre Álvarez Thomas y Giribone, la disciplina que más gente atraía era el complejo de natación, en cuyo interior está una de las piscinas más grandes de la ciudad.

Esta gran pileta se veía incluso desde la vereda, aunque ahora, el mencionado portón impide el paso y la visual. Marcelo Olivos, titular de la concesión del lugar desde hace más de veinte años, acostumbraba a caminar por el complejo, saludando a la gente y controlando que todo estuviera en orden. Por Splash –el nombre de sitio deportivo- desfilaban miles de personas: estudiantes de los colegios, gente que iba a hacer rehabilitación, chicos que tomaban clases de iniciación, socios y gente que concurría (sin  obligación de estar asociada al club), para disfrutar de la natación.

Marcelo Olivos, en una nota que le formuláramos en tiempos de «normalidad». En la imagen principal, la pileta del complejo. (Fotos: archivo).

La pandemia obligó a Marcelo a suspender todo tipo de actividad. Ahora, quienes suelen buscarlo son los medios de prensa, que quieren conocer su opinión acerca del difícil momento que atraviesan los comerciantes de su sector. El máximo responsable de Splash pintó un oscuro panorama, en relación a los problemas que padecen los dueños de los natatorios, en función del desequilibrio entre ingresos y egresos.

A La Nación, por ejemplo, le comentó: «Llenar la pileta y calentar el agua nos va a costar 600.000 pesos, aproximadamente. Tenemos una pileta de 1.400.000 litros, cuando un club normal tiene, en promedio, 400.000 litros. Las cuentas son muy altas, incluso aún tenemos una deuda de gas de 500.000 pesos y estimamos que el día que abramos van a venir 700 socios, cuando antes venían 2300. Esto funciona como un club barrial, la gente paga por mes, no hay abonos de 12 meses como en algunas cadenas de gimnasios, por eso desde marzo que no tenemos ingresos. Esta es una de las pocas piletas inclusivas, acá vienen muchos chicos con problemas motrices, hasta grupos de alto rendimiento. Esperamos que podamos abrir pronto; creo que si se mantienen los cuidados hay muy poco riesgo»

Alrededor de 60 personas trabajan en Splash, contabilizando empleados y gente que indirectamente está vinculada al natatorio.

En Infobae, Olivos informó que “los bancos no dan créditos a quienes no están trabajando. Tengo cuentas en cinco bancos, ninguno me dio crédito. Y cuando pedí los créditos subsidiados del Gobierno me dijeron que no calificaba”. Luego relató lo acontecido con la energía eléctrica: “Por la categoría de cliente, tengo tarifas de luz de $30.000 o $40.000 aunque esté todo cerrado. En los primeros meses repetían las tarifas anteriores. En un momento, salió una resolución donde se podía pedir el cambio de tarifa y fui a pedir eso a la empresa de electricidad pero me solicitaban que la cuenta esté en cero para que entre en vigencia”. Sobre la situación con el servicio de agua, señaló: “Me siguen cobrando por la superficie del predio, aunque no esté usando el servicio”. Su erogación mensual para con Aysa es de unos 200 mil pesos.

En el verano, Olivos había presentado un proyecto ante las autoridades del club, para obtener la concesión del predio con entrada por Federico Lacroze, que tenía otros concesionarios y había quedado vacío. Sin embargo, la pandemia alteró los planes. Su cordial relación con la dirigencia, propicia que al menos, el pago del canon mensual percibido por Chacarita, sí pueda quedar para otro momento.

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