Deportes

Comuna 13: un nuevo libro sobre el Club Excursionistas

En el presente mes, agosto, ha salido un nuevo libro referido al Club Atlético Excursionistas. Su nombre es “Excursionistas y yo” y su autor es Pablo Wildau. El libro consta de 124 páginas y está disponible en forma gratuita. Se puede leer online y también bajar en formato PDF.

La institución del Bajo Belgrano nació el 1º de febrero de 1910 y desde que estrenó su campo de juego de La Pampa 1376, entre Migueletes y Miñones, nunca dejó ese lugar, en el cual además se encuentra su sede social. En la obra publicada recientemente, el autor aborda vivencias personales, anécdotas, datos de color, y una breve reseña de lo acontecido con el club desde 1982 –el año en el que comenzó a concurrir a la cancha- hasta la temporada 1997/98. Se trata, por ende, del primer tomo. El proyecto, incluye una segunda parte, todavía no publicada, que comienza a partir de 1998/99 y continúa hasta la actualidad.

A través de sus páginas, más allá de lo deportivo, se tocan aspectos de la vida personal del autor. En consecuencia, aparecen relatos en primera persona, por ejemplo, de su infancia en el barrio de Colegiales.

Para acceder a su lectura, sólo es necesario clickear sobre la tapa, que se encuentra a la derecha del siguiente blog: https://pablo-wildau.blogspot.com/

Allí también se puede leer el primer capítulo, correspondiente a 1982, sin necesidad de hacer clic encima de la tapa.

El barrio, presente

A continuación, se transcribe un pequeño tramo del relato. Allí, el autor revela lo sucedido durante una jornada sabatina, en casa de sus abuelos, en Colegiales, cuando recibió la proposición de ir por primera vez al estadio de Excursionistas.

“Desde que era prácticamente un bebé y a lo largo de unos cuantos años, gran parte de los sábados transcurrieron en lo de mis abuelos maternos. Mi papá me dejaba en su casa a media mañana. Al mediodía, la familia se reunía para almorzar,  apretujada en la cocina del departamento de la calle Zapiola, en el barrio de Colegiales. Quizás faltaba lugar, pero nunca, amor. Allí también pasaba la tarde. A determinada hora, los sonidos del fútbol se adueñaban del hogar, de la mano de una vieja radio a transistores en la cual mi abuelo escuchaba los partidos del ascenso. Porque así como para mí los sábados eran de mis abuelos, el fútbol de ascenso le pertenecía a los sábados, a diferencia de épocas más actuales, donde todo se ha mezclado con todo. Cerca del anochecer, mi papá me buscaba para volver a casa.

Calculo que el sábado 15 de mayo no tuvo grandes diferencias respecto de los anteriores. Intuyo, también, que durante el almuerzo, mi tío pudo haberle hecho a mi papá la propuesta de ir a ver a Excursionistas. Andrés, racinguista en la Primera División, tenía a los del Bajo Belgrano -el barrio donde vivía- como equipo preferido del ascenso. Él ya había asistido a más de un partido ese año, que gracias al nuevo formato de torneo y al debut de Fonseca, traía interesantes perspectivas para el Verde. Calculo que a mi papá no le habrá costado mucho acceder y hacia Pampa y Miñones fuimos los tres, en aquella tarde otoñal, enmarcada en plena guerra de Malvinas. 

Decía «calculo» e «intuyo» porque en mi memoria quedaron muy pocas imágenes de la jornada. En lo que hace al contexto futbolístico, sólo recuerdo que nos ubicamos en la vieja tribuna lateral de madera, bien arriba, y de una escena protagonizada por el Polaco Heinrich, que pretendió hacer un tiro libre bastante más adelante del sitio donde el árbitro había señalado la infracción, y éste lo mandó nuevamente hacia atrás.

Excursionistas perdió con San Telmo 1 a 0 (gol de Nico González, que un par de temporadas después jugaría en Excursio), un encuentro cuyas imágenes se me fueron borrando con el transcurso de los años. Ni siquiera registro una acción que, por su impacto, pasaría a la posteridad: la rotura de tabique nasal que sufrió Marcelo Carrasco tras un codazo de Alderete, otro telmista que años más tarde, en 1990, también vestiría la casaca albiverde.

Como al resto de los hinchas, también a mí aquella derrota me provocó una importante desazón,  aunque en lugar de quitarme el entusiasmo, generó consecuencias opuestas. Por ejemplo, que en el colegio empezara a decir que aparte de Boca, yo también era de Excursionistas. Entiendo que cuando mis compañeros de quinto grado del República del Ecuador de La Paternal me preguntaban qué era eso, yo les respondía: un club de la C. Y como si ése hubiera sido el punto de partida, así sucedería a lo largo de los años, incluso, hasta el día de hoy”.

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