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Comuna 13: Yo soy culpable

Colegiales, Belgrano, Núñez… Estos tres barrios integran nuestra Comuna, la número 13 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Belgrano y Núñez tienen a sus representantes futbolísticos, Excursionistas y Defensores, formando parte de los torneos de la Asociación del Fútbol Argentino, en Primera C y Primera Nacional respectivamente.

Más allá de que hoy sean miembros de categorías distintas, Excursio y Defe encarnan a uno de los clásicos más identificados con el fútbol de ascenso. Desde hace treinta años y un poco más, la rivalidad de estos dos tradicionales equipos porteños se ha consustanciado con la violencia. En el más liviano de los casos, mensajes amenazantes en los muros e insultos a través de las redes sociales pintan actualmente el costado extrafutbolístico del clásico. En otras oportunidades, esto que a veces llamamos “folclore”, ha pasado al terreno de la acción, si grupos violentos coincidían en calles, boliches o cualquier lugar, apto o no, para exteriorizar su furia. Llamativamente, en una cancha y por los puntos, los clubes casi no cruzaron desde 1972. En los últimos 48 años, apenas disputaron ocho partidos entre sí.

La Copa Amistad

Hasta principios de la década del 80, la relación era tan cordial, que las instituciones organizaban la Copa Amistad. Esta se jugó en dos ediciones, 1982 y 1983. La primera la ganó Defensores y la segunda Excursionistas. Los aficionados a un equipo, solían frecuentar el estadio de sus vecinos, y viceversa.

Los del Bajo Belgrano utilizaron unas cuantas veces el estadio rojinegro para ejercer su localía.

Los vínculos amistosos llegaron a ribetes que hoy podríamos rotular como insólitos. Para ilustrarlo, está el ejemplo del partido entre Excursionistas y Laferrere en Pampa y Miñones, donde el local usó en el primer tiempo un juego de camisetas prestadas por Defensores, para diferenciarse del verde y blanco de sus ocasionales oponentes. Esto sucedió en el verano del ’87. ¿Y después?

¿Qué pasó?

En proximidades de la década del ’90, el clima comenzó a caldearse. Difícil sería precisar hechos concretos, causas puntuales… Lo cierto es que el nivel de violencia con el que paulatinamente fue llenándose la sociedad entera, alcanzó al fútbol. Y por ende, también a sus hinchadas, que ya desde aquellos tiempos exhibían sus “fuerzas” a través de robos de banderas y combates en los estadios o sus inmediaciones. Hoy, que el público visitante ni siquiera está habilitado para concurrir, la violencia no solo no se ha detenido, sino que, por el contrario, se incrementó. Si grupos antagónicos ya no se topan en una cancha, no tienen reparos en hacerlo en cualquier otro ámbito. Y cuando no hay rivales con los cuales enfrentarse, la lucha también se da internamente. La prueba, es la gran cantidad de barras divididas en dos o más facciones, que dirimen sus cuestiones a balazos y cuchilladas, como sin fueran hinchadas afines a otros colores.

El cierre del ciclo amistoso               

Volviendo al clásico del Bajo, en septiembre de 1990, se midieron oficialmente luego de 19 años, tras el descenso de Defensores a Primera C. En ese momento el vínculo cordial ya estaba roto y las hinchadas pudieron poner en práctica sus agresiones verbales y físicas en el contexto de los encuentros por el campeonato. Poco después las contingencias deportivas nuevamente los separaron, aunque se amplió -o por lo menos se mantuvo inalterable- la enemistad que perdura hasta nuestros días.

La entrada al estadio de Defensores. En la foto principal, la de Excursionistas.

Momento de autocrítica

El mes pasado, tuve el placer de que me hicieran una entrevista en el programa Una Mirada Albiverde, que se emite por Youtube. Sobre el final de la larga charla con su conductor y creador Marcos Tricarico, surgió un tema que no había sido planificado. ¿Por qué se rompió aquella amistad entre Defe y Excursio? ¿Se podrá hacer algo para reflotarla? Expresé mi deseo, desde mi lugar de comunicador, de aportar un humilde granito de arena para que sea así. Marcos estuvo de acuerdo en hacer lo mismo. Conté, además, que uno de mis mejores amigos es hincha y dirigente de Defe. Finalizado el reportaje, me quedé pensando. Las preguntas repiqueteaban en mi mente. ¿Acaso yo no soy culpable también? ¿Cómo puedo remediar mis equivocaciones?

Hace más de veinte años, junto con jóvenes colegas, estudiantes de una escuela de periodismo deportivo, fundamos la revista mensual Esto es El Ascenso. Desde mi función de redactor fui partidario de volcar en sus páginas, textos repletos de contenido violento: cánticos de barras, historias de enfrentamientos, correos de lectores plagados de amenazas, fotos de paredes grafiteadas…. En síntesis, apología de la violencia maquillada de sentimiento por el fútbol de ascenso. En aquel momento, si alguien me cuestionaba, pude haber contestado que la violencia era una realidad social, que lejos de fomentarla, sólo se estaba contando lo que sucedía, que era folclore, que se intentaba resaltar el ingenio popular o el amor por los colores, o cualquier otra excusa que me impidiera reconocer que en vez de rechazar el accionar de los violentos, se lo estaba divulgando. De haberme puesto serio, este argumento, por ahí, ni yo mismo me lo hubiera creído.

El transgresor

A esa edad, supongo, me veía como un transgresor, publicando las polémicas actividades de las barras, mientras los medios de comunicación en general, las repudiaban. Más tarde apareció un programa de TV por cable, haciendo más o menos lo mismo, pero con imágenes, y hoy, con la proliferación de sitios de Internet y redes sociales, el medio está abarrotado de espacios similares.

Me pregunto si no habrá llegado la hora de hacer una autocrítica. ¿Demasiado tarde? Puede que sí, puede que no… Entiendo que ante esta realidad, ahora no transgrede aquel que fomenta el encono entre rivales, sino el que realiza un aporte concreto con la meta de restaurar los buenos vínculos. ¿Por qué no convertirse entonces en transgresor, pero en el sentido inverso?

Me propuse volver a aportar un granito de arena, pero para difundir el costado sano de una rivalidad. Empiezo por estas líneas y quizás continúe en este espacio o en otros, con más artículos, entrevistas, notas. El punto de partida es Excursionistas-Defensores, pero el objetivo es que la iniciativa trascienda las fronteras de la Comuna 13 y se replique en más barrios, más ciudades, más clásicos, más instituciones… Y con mas comunicadores como aliados y mensajeros, ya no del salvajismo, sino del respeto hacia el prójimo. Por más rivalidad que exista de por medio.

Pablo Wildau

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