Gente de Cole

Beto, el de la parada de diarios

Federico Lacroze al 3100. Unos veinte metros antes de llegar a Ramón Freire, de vereda impar, hay un puesto de diarios que lleva más de medio siglo en ese sitio. En una importante proporción de dicho período, el puesto estuvo atendido por Roberto Gallardo, a quien el barrio conoce, simplemente, como Beto. Hace unos años, otro muchacho tomó las riendas del negocio, mientras a Beto, ya retirado, igual se lo puede ver por la zona, charlando con los vecinos, haciendo las compras o simplemente caminando por calles, seguramente, muy ligadas a sus sentimientos.

“Yo llegué en el año 67 y ya la parada existía, un dato de color es que en la esquina de Freire y Lacroze había un bar, el viejo bar Freire, que tenía dos billares que en ese momento eran furor”, es la primera frase de Beto para la entrevista. Francisco, su hijo mayor (el menor se llama Edgardo), desempeñó un papel muy útil a la hora de concretar la nota. Eso sí, ni siquiera con él en la función de intermediario, hubo manera de lograr que Beto, caracterizado en este aspecto por su bajo perfil, accediera a que una foto suya fuera publicada junto con el reportaje. “Yo comencé con mi hermano y al principio no vivía acá. En el barrio me instalé en 1979”, rememora. A continuación, ofrece una opinión sobre Colegiales: “A pesar del crecimiento inmobiliario, no pierde esa esencia de barrio que conocí cuando llegué, la calidad de gente y su vecinos, con los cuales nos vemos a diario”.

Le proponemos que se la juegue y diga cuáles, desde su perspectiva, han sido las ventajas y desventajas de ser canillita. En una frase breve lo resuelve: “Lo que más me gustó es el trato con la gente y lo que menos, fue el clima”.

La parada ocupa uno de los lugares de mayor circulación del barrio, razón por la cual, más allá de su clientela tradicional, también tuvo trato con unos cuantos famosos. Y así, se anima a hacer la lista: “Chasman, Alfonso Pícaro, Sergio Lapegüe, Darío Sztajnszrajber, Malena Guinzburg, Marcelo Simón, Gustavo Sierra, Betty Elizalde, Florencia Peña, Pablo Echarri… Algunos eran clientes fijos y otros pasaban a comprar”.

Justo enfrente, a escasos centímetros de distancia, se halla la puerta de acceso a la sucursal de un conocido supermercado de firma francesa, desde cuyo interior puede verse claramente la parada. Pero claro, a lo largo de tanto tiempo, no es lo único que hubo en ese sitio. Por esa cuadra desfilaron cantidades de emprendimientos comerciales e inmobiliarios, incluso, el viejo mercado de Lacroze, desaparecido en la década del Ochenta. Desde su espacio estratégico, Beto era un en testigo privilegiado de tanta transformación urbana. Hasta que llegó el día en qué él mismo pasó a formar parte del implacable movimiento de ingresos y egresos de la avenida.  Hoy, con 79 años, ya no es el canillita de antaño, si bien conserva la condición de vecino junto a la cual también se mantienen el saludo y la amigable conversación con los colegialenses de diversas épocas.

Por último, lo consultamos cómo vislumbra al barrio en el futuro: “Creciendo, pero sin perder eso de ser uno de los más lindos de la ciudad”, remata.

 

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